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Ultraderechistas criollos, ¡uníos!

12 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

El anuncio de que muy pronto Uribe hará oficial su condición de opositor al gobierno de Santos me parece una gran noticia para la democracia colombiana.

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Y digo más: sugiero que se haga en serio, a bombo y platillo, creando un nuevo partido que represente mejor su ideología y la haga más reconocible para sus seguidores. Nombres es lo que hay. Por lo general, los partidos de ultraderecha eligen apelaciones grandilocuentes o ancestrales. Podría pensarse en algo así como Partido de Bachué y Bochica, aunque podría crear confusión; ¿Partido del carriel y la camándula? Demasiado poético. ¿Unión Racial Colombiana? Lo bueno de ésta es que tiene U. ¿Dignidad y orgullo? Suena a título de novela inglesa, pero podría pasar. ¿Colombianos con Honor? Suena, aunque la sigla CCH podría confundirse con un banco.

Lo verdaderamente importante es que muchos sectores tendrán por fin quien los represente: los compatriotas —y no son pocos— que admiran a Pinochet; los que creen que Colombia es por encima de todo un país católico y de católicos, en el que las Fuerzas Armadas se inspiran en la Virgen María y cuya Constitución debería estar inspirada también por la Virgen María; los que sienten la patria en peligro ante el matrimonio gay, la despenalización de la dosis mínima, la Ley de Víctimas y la de devolución de tierras; a los que se les revuelve la úlcera al ver una sinagoga o una mezquita, un estudiante de la Nacional, un árabe o un venezolano en suelo patrio; los que añoran la pena de muerte y el delito de opinión (contraria); los que gritan, con una mano en el pecho, “No me den trago extranjero / que es caro y no sabe a bueno”; los que dicen que les fascina París pero lástima que esté llena de negros; los que están contra las revoluciones, incluida la sexual.

Este partido podría reunir una amplia gama de pequeños grupúsculos que, a día de hoy, están huérfanos de representación y cobertura nacional. ¡Y es que la ultraderecha tiene muchos matices! Ahí tendrían cabida, por ejemplo, desde los compatriotas que sienten nostalgia del Tercer Reich hasta el Partido Machista colombiano del Casanare; también, obviamente, la senadora Liliana Rendón, por su interesante teoría de que si un hombre golpea a una mujer —ella dice “le casca” (sic)— es porque la mujer es “fregona” y “jodona”; y por supuesto el mismo Bolillo, si se tercia. El tándem Bolillo-José Obdulio, la suma de un hombre de acción con un representante de la filosofía neogótica y rococó latinoamericana, sería imparable en el hemiciclo del Congreso.

Sólo hay un problema y es que el propio Uribe, líder natural de esta compleja y representativa comunidad humana, es el único colombiano que ya no puede ser presidente, y Uribito, su aguada copia en stencil, fue inhabilitado por 16 años. ¿Qué hacer? Bueno, sobreponerse a la adversidad y luchar. Recordar los versos del Cara al sol: “Si te dicen que caí / me fui / al puesto que tengo allí” (se refiere a la gloria, no a un puestico). La creación de este partido, que nuestra democracia pide a gritos, sellaría la entrada definitiva de Álvaro (es hora de aclamarlo por su nombre de pila) al Panteón de las grandes almas del país, qué digo, de los juliocésares de América Latina.

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