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A reformar el Estado (1)

07 de febrero de 2011 - 01:00 a. m.

YO TENGO EL CONVENCIMIENTO, Y la esperanza, de que el tratado de libre comercio con los Estados Unidos será aprobado pronto y también creo que las calificadoras de riesgo nos devolverán el grado de inversión que Colombia perdió en 1999.

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Pero difiero respetuosamente de la opinión de muchos dirigentes gremiales y analistas, quienes creen que estas medidas, junto a la bonanza minera que se supone se avecina, nos situarán en una ruta definitiva de prosperidad y progreso. Pese a los enormes problemas, a los errores cometidos y las dificultades, el país ha progresado mucho en los últimos años. Pero no nos podemos equivocar: enfrentamos enormes dificultades y obstáculos que no hemos aún resuelto. En el tema de la violencia, por ejemplo, Colombia logró reducir la tasa de homicidios de un nivel de 70 a 35 por cien mil habitantes, entre 2002 y 2007. Eso es muy cierto, es muy notable, pero —ojo— esa cifra dejó de caer desde 2008 y es aún una de las tasas más altas del mundo. En estos días que se habla tanto de la violencia de México, con sus masacres, la aparición de cuerpos desmembrados y descabezados, es menester recordar que ese país, con toda esa violencia, tiene una tasa que es la mitad de la de Colombia, cerca de 17 homicidios por cien mil habitantes. Y también hay que mencionar que la de un país como Chile, que ha realizado reformas estructurales en muchos campos y se encuentra en una senda de desarrollo mucho más clara que la nuestra, tiene una tasa inferior a dos homicidios por cien mil habitantes, similar a la del Reino Unido, Francia o Alemania.

Además de la seguridad, el camino por delante en educación es aún muy largo. Aunque mostraron una mejora marginal en 2009 en relación con los de 2006, los resultados de las pruebas PISA, que ilustran los conocimientos, las aptitudes y las competencias de lectura, matemáticas y ciencias naturales de los niños y niñas de 15 años en 63 países, dejan muchísimo qué desear para Colombia. Para sólo mencionar un tema más, Colombia está muy atrasada en infraestructura de transporte. El número de kilómetros de carreteras pavimentadas por millón de habitantes es uno de las más bajos del continente. En la pasada década no se canalizó la bonanza de inversión extranjera directa que llegó al país hacia la infraestructura de transporte, y las instituciones públicas, como el Inco, fueron incapaces de estructurar y diseñar los proyectos para atraer el ahorro institucional.

Con más seguridad, con buena infraestructura física y con mayor calidad de la educación, Colombia podrá crecer más, generar más ingreso y distribuir mucho mejor los frutos de dicho crecimiento. Pero estos objetivos serán muy difíciles de cumplir con el tipo de Estado que tenemos. Necesitamos continuar reformando el Estado para adaptarlo al mundo y a las necesidades de hoy. Necesitamos unas instituciones que operen por resultados, que estén permanentemente evaluando lo que están haciendo y con la capacidad de cambiar de rumbo si los objetivos propuestos no se están cumpliendo. Para lograr este nuevo Estado se requiere, además de un nuevo enfoque, nuevos instrumentos y nuevas herramientas, entre las cuales hay una esencial: la generación de información que sea pública y en tiempo real. Para las políticas públicas, la información es como el agua para el pez. Sin agua el pez muere, sin información no puede haber buenas políticas públicas. Este tema lo desarrollaré en la próxima columna.

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