La Cumbre de las Américas, realizada en Cartagena, fue un éxito completo para Colombia, para el gobierno y para el presidente Juan Manuel Santos. Por varias razones.
Primero, por la convocatoria de los jefes de Estado y de gobierno que asistieron. El boicot que se anunció por parte de los países de la Alba no se materializó, pues asistieron Evo Morales y Nicolás Maduro en representación de Chávez, a quien sus médicos no le permitieron venir. Así, sólo se extrañó a Rafael Correa, de Ecuador, quien, pese a sus estridencias, tiene algunas ideas interesantes y también resultados para mostrar, como el impresionante avance de la infraestructura de carreteras. A Daniel Ortega, francamente, no creo que lo haya extrañado nadie y fue mejor que no haya venido pues, de pronto, cometía algún acto bochornoso. La convocatoria también fue un éxito por la asistencia masiva a los eventos paralelos, la Cumbre Social y la Cumbre Empresarial. No creo equivocarme si afirmo que en América Latina no había habido una reunión de gobernantes, líderes sociales y empresarios como ésta.
En segundo lugar, la cumbre —y, por cumbre, me refiero a las tres reuniones: la política, la social y la empresarial— fue importante por su contenido, por los temas tratados, entre los cuales quiero resaltar los temas sociales. En los tres escenarios, incluyendo la reunión de los empresarios en el Hotel Hilton, sobresalieron los temas de la reducción de la pobreza, la distribución del ingreso y la educación. Fueron particularmente impactantes las intervenciones del presidente Santos, quien afirmó que se sentía indignado por la desigualdad de ingresos de Colombia, y la de Hillary Clinton. Sorprendentemente, Santos y Clinton opacaron a Evo Morales, quien decepcionó hablando de los temas sociales, banderas de su gobierno. Tampoco exagero al decir que la distribución del ingreso —y su indicador, el coeficiente de Gini— es un tópico que entró en la agenda de todos, hasta la de los empresarios, y entró para quedarse.
La cumbre fue también muy relevante porque, por primera vez, se tomó el toro por los cuernos y se habló y se discutió la necesidad de evaluar los beneficios y costos de la actual política antidrogas. El mismo Obama, en su intervención ante los empresarios, sin estar de acuerdo con la legalización, aceptó estar dispuesto a estudiar, analizar y discutir las conclusiones de estudios que evalúen las actuales estrategias y las ponderen frente a otras alternativas. Y, entre muchos otros temas, la cumbre fue igualmente notable por la presencia e intervenciones de muchas mujeres en posiciones de poder, como las presidentas de Brasil, Argentina, Costa Rica, la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, nuestra Canciller, María Ángela Holguín y, entre los empresarios, me dejó francamente descrestado, Indra Nooyi, la CEO de PepsiCo, la segunda productora de bebidas y alimentos del mundo. Nacida en la India, mamá de dos hijas, la señora Nooyi es un ejemplo de superación, inteligencia y constancia. Pero, quizá, el denominador común, el comentario más frecuente de muchos visitantes del exterior era que Colombia ha dejado muchos problemas atrás, que avanza y que puede tener un futuro prometedor. Y, mi conclusión personal, es que efectivamente ya no somos el país fallido de hace 10 años, que hemos superado muchas dificultades, aunque la tarea hacia delante es aún muy ardua. Pero esta cumbre mostró que hay con qué. Y con quién.