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Carlos Lleras, un hombre superior

21 de septiembre de 2008 - 05:28 p. m.

COMO PARTE DE LOS ACTOS DE CONmemoración de los cien años del natalicio de  Carlos Lleras Restrepo, la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes ha organizado para el jueves 25 de septiembre un seminario sobre su contribución a la economía colombiana. No es un ejercicio fácil de realizar. Por varias razones.

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Primero, porque la contribución de Lleras fue muy valiosa, en muchísimas áreas y durante casi cinco décadas. Segundo, porque la economía, el entorno institucional y el mundo eran muy diferentes a lo que son hoy en día. Tercero, porque las ideas económicas, entonces en boga en América Latina y en buena parte del mundo, eran también muy diferentes a las de las últimas dos décadas. 

Con los ojos de hoy en día, vemos, por ejemplo, a Lleras y al equipo que lo acompañó en su presidencia como demasiado intervencionistas. Lleras creía en que los ajustes de la economía no debían ser de precios sino de cantidades. Bajo esa concepción, las autoridades económicas racionaron durante mucho tiempo las divisas, impusieron altísimos aranceles y controles directos a las importaciones, prohibieron la inversión extranjera y racionaron el crédito.

Lleras no creía en el tipo de cambio libre o en el papel ortodoxo de la política monetaria, porque pensaba que eran demasiado generales y no tenían en cuenta “la utilidad social de las importaciones o de las actividades económicas internas”. Es decir, los recursos debían ser dirigidos hacia los sectores que nos deberían ayudar a elevar el ingreso per cápita, muy especialmente los de la industria manufacturera.

Sin duda, Lleras y muchos economistas colombianos fueron influidos por el pensamiento de CEPAL. Pero Carlos Lleras fue sobre todo un estudioso observador y un actor de primera línea de la economía. Sus argumentos los sustentó en su experiencia directa de muchas crisis y episodios de la historia del país. Personalmente, creo que se comprende mucho mejor a Lleras si se acepta que su concepción del desarrollo y muchas medidas que adoptó estuvieron críticamente influidas por su traumática experiencia con las crisis cambiarias.

En un país sin inversión extranjera directa y sin crédito privado externo, la oferta de divisas y el nivel de la tasa de cambio dependían exageradamente de las condiciones volátiles del mercado cafetero. También conocía muy bien qué expectativas de devaluación y corridas contra el peso emergían fácilmente por factores relacionados a la fragilidad institucional, por crisis políticas y sociales o por rumores de ruidos de sables. Tenemos que recordar, por ejemplo, que, cuando expidió el célebre decreto 444, en 1967, habían transcurrido tan sólo nueve años del fin de la dictadura, los recuerdos de la violencia estaban aún muy frescos y una nueva guerrilla, de origen marxista, comenzaba a emerger.

En esa época, muchos colombianos pudientes creían que la única inversión segura era adquirir dólares y sacarlos del país. Lleras creía, entonces, que estos factores eran demasiado poderosos y no podían ser fácilmente compensados con políticas monetarias y fiscales y, por ello, la tasa de cambio y otros precios debían estar controlados por las autoridades.

Carlos Lleras fue un gran intelectual, creó instituciones y fue uno de los mejores presidentes que ha tenido Colombia. Quizá una de sus mayores contribuciones fue haber convencido a muchas generaciones de políticos sobre la importancia de que el Estado cuente con instituciones independientes y de altísimo nivel para el manejo de la economía.

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