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Economía y política

15 de abril de 2012 - 06:00 p. m.

La crisis económica y financiera internacional ha forzado derrotas electorales o renuncias de jefes de gobiernos de todos los colores políticos.

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En España, el Partido Socialista sufrió el más grande fracaso electoral que ha experimentado partido alguno desde la reinstauración de la democracia y, muy posiblemente, su homólogo francés gane las próximas elecciones presidenciales. La gran incógnita es la suerte que correrá Barack Obama en las elecciones de noviembre. Su resultado estará determinado por la evolución de la economía y, en particular, por su capacidad para generar empleo en los meses que faltan hasta las elecciones. La situación es tan nebulosa que la suerte de la economía —y la presidencia de Obama— puede depender de los bonos españoles e italianos o de la evolución del precio del petróleo. Un agravamiento de las tensiones entre Israel e Irán, por ejemplo, podría disparar el precio del petróleo y de la gasolina que, casi con seguridad, acabaría con la posibilidad de la reelección de Obama.

Por supuesto, no es nada nuevo que las crisis económicas causen transformaciones o revoluciones políticas. Pero cuando son muy profundas y prolongadas, la gente puede cuestionar, no ya al partido de gobierno, sino a la clase política en su conjunto, y puede acudir a soluciones extremas de diferente alcance y naturaleza. La Gran Depresión de los años treinta fue, en parte, causante del ascenso del fascismo y el nazismo, de la caída de la monarquía y la aparición de la república española y del New Deal, en los Estados Unidos, entre otros efectos.

Hasta ahora, la actual crisis económica no ha causado estremecimientos de alcance semejante, pero sí se están dando convulsiones políticas importantes. El Movimiento de los Indignados es el más visible, pero, entre muchos otros, quiero resaltar dos fenómenos que pueden llegar a tener efectos muy grandes y de largo alcance. El primero es la aparición y consolidación del Partido Pirata de Alemania, una organización que tiene como su plataforma el uso abierto, gratuito e irrestricto de la internet, con el que apuesta por una democracia más directa y más transparente, así como la legalización de las drogas. Fundado en 2006, siguiendo el ejemplo de un movimiento semejante en Suecia, dio una primera señal de fuerza en las elecciones federales de 2009, cuando lograron un sorprendente 3,9% del electorado de todo el país, insuficiente para llegar al Bundestag. Pero en septiembre de 2011 entraron al Parlamento de Berlín con un 9%, hundiendo al Partido Liberal y causando un verdadero terremoto político.

Si bien este partido emerge sin amenazar las instituciones políticas alemanas, no se puede decir lo mismo de España, en donde la profunda crisis económica ha exacerbado los nacionalismos catalán y vasco. Es particularmente grave la decisión de Convergència i Unió, un partido de derecha moderada y actual gobernante de Cataluña, de apostar por la completa independencia del país. Y, después del anuncio del fin de la violencia de Eta, también en el País Vasco ha vuelto a calar el ánimo soberanista. Con un altísimo desempleo, drásticos recortes del gasto público e incrementos de los servicios públicos, el gobierno de Madrid se torna en el enemigo que aviva el separatismo. Si la crisis se acentúa y se extiende por varios años, en varios países se podrían ver terremotos políticos semejantes a los de los años treinta del siglo pasado.

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