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El secreto alemán

29 de abril de 2012 - 06:00 p. m.

Por culpa de Europa, las cifras del primer trimestre han arrojado resultados muy desalentadores para el mundo.

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La economía del Reino Unido volvió a contraerse y lo mismo sucedió con la de España, en donde la tasa de desempleo alcanzó más de un 24%, con un total de 5,6 millones de desempleados. Pero la situación no es uniforme en ese inmenso continente. Mientras los países mediterráneos pasan por grandes penurias, el norte de Europa presenta una situación menos dramática. Y, para sorpresa de muchos, Alemania, un país calificado hace una década por los gurús de la economía como el “Enfermo de Europa”, hoy va disparado. El PIB crece a tasas elevadas, el desempleo se sitúa en 6,7%, su nivel más bajo en 21 años, y el desempleo juvenil en tan sólo 8%, mientras, por contraste, el de España no baja del 50%. En varios sectores hay exceso de demanda por trabajo y se está importando mano de obra altamente calificada.

¿Cuál es el secreto alemán? En primer lugar, algunas causas estructurales. Este país siempre ha tenido una cultura que ha valorado la frugalidad, el bajo endeudamiento y una altísima tasa de ahorro, lo que se refleja en un superávit en su cuenta corriente de la balanza de pagos y en una economía orientada a las exportaciones. El uso de las tarjetas de crédito, por ejemplo, es muy limitado comparado con el que hay en los Estados Unidos. Alemania también se ha preocupado por cuidar una industria manufacturera que combina altísima calidad, ingeniería de excelencia e innovación técnica y un sector muy fuerte de pequeñas y medianas empresas. A diferencia de otras economías, el sector de servicios financieros no es tan grande, como en el Reino Unido, que se desindustrializó. Entre sus fortalezas estructurales, también ha sido importante un gran pacto social que ha existido entre patrones y obreros para moderar las alzas salariales, particularmente en épocas de crisis.

En segundo lugar, la fortaleza actual de Alemania reside también en la llamada Agenda 2010, que con gran valor y decisión introdujo, en 2003, el canciller Gerhard Schroeder, reformando el Estado del Bienestar, con recortes en salud y en mayores condiciones para acceder a las pensiones y en la reducción de sus montos. Estas reformas flexibilizaron también el mercado de trabajo y recortaron el tiempo durante el cual se podía gozar del seguro de desempleo. Pero, en tercer lugar, el Estado no ha sido pasivo en la presente crisis. Por el contrario, ayudó con unos EU500 millones a los bancos, con más de EU100 billones a compañías en problemas y con un monto parecido a programas de estímulo doméstico. Una medida que parece haber sido especialmente exitosa es el programa de tiempos parciales de trabajo —el llamado Kurzarbeit—, que consiste en que, en épocas de bajas ventas, se permite a las empresas recortar la jornada de trabajo, en tanto que el gobierno financia parte de los salarios para que no haya despidos, a cambio de que los trabajadores tomen cursos de reentrenamiento y capacitación. Con esa medida se evitó que fuesen despedidos 1.5 millones de trabajadores de la industria manufacturera.

Para un país como Colombia, la gran conclusión de la fortaleza alemana es que debe hacer las reformas a tiempo y no esperar a una época de crisis. Esa es la gran lección que dejó el canciller Schroeder. A pesar de que le costó el puesto.

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