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Hay que traer a Bianchi

06 de septiembre de 2009 - 07:20 p. m.

PAUL GASCOIGNE, EL EX MEDIOcampista del Newcastle y de la selección inglesa, solía definir el fútbol como un juego que consiste en patear una pelota de cuero, con equipos de once jugadores y que siempre ganaba Alemania.

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Naturalmente, no siempre ganaba Alemania, pero lo que él quería decir era que, por alguna razón, en las copas del mundo y en las de Europa, casi siempre, Alemania estaba en las semifinales o en las finales. Y lo mismo se podía decir de Italia y Brasil. Casi siempre están allí. Infortunadamente, el caso de Colombia es exactamente el contrario. Casi nunca hemos estado allí. Ganamos una Copa América con la ventaja de jugar de locales y porque, por motivos de seguridad, no vino Argentina y las otras selecciones enviaron a sus reservas. Durante tres décadas, vivimos de la “hazaña” de Marcos Coll en el empate 4-4 con Rusia en Arica, en el Mundial de Chile, hasta que apareció una generación de verdadera jerarquía, la del Pibe Valderrama, la del empate frente Alemania, en el mundial de 1990, y la que goleó 5-0 a Argentina en Núñez. A esto quizá habría que sumarle el subtítulo de la Copa América del equipo del Caimán Sánchez —con Jairo Arboleda en el medio campo— y los subtítulos de América de Cali y los títulos del Nacional y el Once Caldas en las Copas Libertadores. Y eso es todo. Es un balance realmente mediocre.

No creo en las llamadas causas estructurales de este lamentable balance, los que dicen que no tenemos fútbol por la pobreza, o por las deficiencias de proteínas y vitaminas de nuestros niños, o por la falta de educación, o por la inclinación al trago y al vicio de nuestro pueblo. No creo en estas explicaciones por dos razones. Primero, porque hay otros países igual o más pobres que nosotros que han logrado armar equipos de jerarquía, como Ghana, Nigeria, Camerún, Ecuador, Paraguay, para sólo nombrar algunos. Y, segundo, porque siempre hemos tenido jugadores de muy buena calidad, quienes no funcionan en la selección pero han tenido éxito en sus equipos, aquí y en otras latitudes. Por sólo citar algunos ejemplos: el trío de Córdoba, Bermúdez y Serna en Boca; Ángel y Falcao García en River Plate; Iván Ramiro Córdoba en Inter. Y muchos más.

Yo creo que la solución está en tener un cuerpo técnico capacitado y con los recursos materiales para poder hacer un buen trabajo. Hay que traer un entrenador extranjero, no necesariamente porque sepa más, sino porque tenga la autoridad necesaria para no dejarse manosear, que esté por encima de las intrigas de los dirigentes y de las presiones de la prensa, de los anunciantes, de los agentes de los jugadores y que ponga en su lugar a las estrellas del equipo. En síntesis, un extranjero que pueda ser objetivo, que tenga la distancia necesaria para escoger a los mejores jugadores y extraer lo mejor de ellos. Si me preguntaran a quién traer, no dudaría en decirle a Carlos Bianchi o a alguien con su perfil. Claro que va a cobrar una fortuna: quizás un sueldo mensual de 100 mil dólares, si no más. Pero es una inversión que vale la pena hacer y que se pagaría con creces con resultados y con la alegría de un país. Y, si ese entrenador funciona, que se quede indefinidamente, como lo ha hecho Alex Ferguson en el Manchester United, en donde lleva más de 20 años.

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