En Colombia hemos tenido Estado, en el sentido de Max Weber (con el monopolio de la fuerza legítima en todo el territorio) solo en el Virreinato, y, desde entonces, quizá, solo en los últimos años hemos dado pasos importantes para volver a tenerlo.
Los españoles lograron conformar un Estado en la segunda mitad del siglo XVIII gracias a la unidad del virreinato, la iglesia y un sólido monopolio religioso, ideológico y cultural. Su consolidación se facilitó porque el espacio real sobre el que gobernó fue muy reducido, en un territorio mayormente cubierto de bosques y selvas, con habitantes que vivían de la auto subsistencia y con una población que crecía a tasas muy reducidas. Aún en estas condiciones, la consolidación del Estado tomó a la Corona trescientos años.
Con la Independencia, logramos la libertad política, pero se desmoronó el Estado y, desde entonces, hemos tratado de construir uno alternativo, enfrentando dificultades de diferente naturaleza. Primero, contrario a un mito muy extendido, que dice que Colombia ha sido dominada por una élite única y homogénea durante 200 años, el fraccionamiento y el enfrentamiento, muchas veces violento, entre partidos y grupos políticos y regionales, ha sido una constante histórica. Segundo, la población comenzó a crecer y demandar recursos, como tierra, al pasar de 4 a 5 millones de habitantes, durante el siglo XIX, y de 5 a 46 millones desde comienzos del siglo XX hasta hoy. Tercero, los gobiernos centrales contaron con muy pocos recursos tributarios, situación explicada fundamentalmente por la debilidad del sector exportador, de forma que, aún hoy en día, el gobierno central tiene recursos, expresados como porcentaje del PIB, ligeramente superiores a los de mediados del siglo XIX. Cuarto, con el crecimiento y presión de la población, comenzó un proceso de colonización interior, que desplazó las fronteras internas, proceso que aun continúa, y que, como en todas partes, ha sido desordenado y violento. Quinto, en las últimas cuatro décadas, la consolidación del Estado ha sido dificultada por las economías ilegales de los cultivos ilícitos, el narcotráfico y, mas recientemente, por la minería ilegal, que han financiado a la guerrilla y grupos paramilitares. Sexto, en los últimos 15 años, la consolidación del Estado también se ha dificultado por el santuario que los países vecinos han dado a los grupos guerrilleros.
Pese a todas estas dificultades, es realmente sorprendente y notable que, desde los albores de la República, logramos conformar unas instituciones republicanas que nos dieron gobiernos civilistas, elegidos por procesos electorales y que han hecho un uso limitado del poder. El caudillo y el dictador militar, tan común a casi todos los países de la región, ha estado ausente en la historia de Colombia.
También, pese a todas esas dificultades, en los últimos años Colombia logró fortalecer las fuerzas armadas, las cuales por primera vez desde la Independencia fueron mayores al promedio de América Latina (medidas por soldados por millón de habitantes).
Pero, sin duda, el factor ausente hoy en día ha sido un pacto mínimo entre todos los grupos políticos democráticos en temas centrales de la nacionalidad, como la política exterior o los acuerdos de paz con las guerrillas. Por el contrario, lo que vemos es una polarización que amenaza con debilitar los logros que, con tanto esfuerzo, se han alcanzado. Propender por el logro de ese pacto deberá ser un propósito de todos los colombianos.