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Medio siglo del DNP

07 de diciembre de 2008 - 09:05 p. m.

MAÑANA MARTES 9 DE DICIEMBRE SE conmemorará oficialmente medio siglo de existencia del Departamento Nacional de Planeación, DNP.

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Concebido por Alberto Lleras en los años cuarenta, sólo pudo hacer realidad su idea en su segunda presidencia, cuando comenzaba el Frente Nacional. Aunque su primera década de existencia fue de altibajos, a partir del gobierno de Carlos Lleras, el DNP adquirió un papel crucial en la política económica y, en general, en el manejo del Estado en Colombia. La importancia del DNP radica en muchos factores, algunos muy conocidos, otros desconocidos para la opinión pública.

Entre muchas otras funciones, el DNP prepara el plan nacional de desarrollo en el cual se plasman las prioridades de inversión de los gobiernos para sus cuatrienios. Junto con el Ministerio de Hacienda, cada año elabora el presupuesto nacional para ser presentado al Congreso, pero está encargado de programar el presupuesto anual de inversiones. Ejerce la secretaría técnica y define la agenda del Consejo de Política Económica y Social, Conpes, presidido por el Presidente. Elabora los documentos de política a ser llevados a este organismo y, en ese sentido, es un ente coordinador, buscador de consensos y proponente de prioridades al Presidente. Aunque no es ministro, el director del DNP asiste al Consejo de Ministros y él o ella, o sus representantes, asisten a otros consejos, comités y juntas directivas que, en total, suman más de cien. Como director del DNP, fui en varias legislaturas el funcionario más citado al Congreso de todo el Gobierno.

El DNP es el brazo técnico del Presidente de la República, aunque la receptividad del Jefe del Estado a sus recomendaciones y sugerencias del organismo ha variado de administración a administración. Pero quizá, tanto o más importante que estas tareas, el DNP cumple otras funciones cruciales para el éxito de los gobiernos y el progreso del país. Como pocos, nuestro país está fragmentado en una multiplicidad de intereses políticos, regionales, económicos y de distinta naturaleza dentro de una democracia liberal, abierta y pluralista. Al ser parte de esa sociedad, los gobiernos también reflejan toda esa multiplicidad de intereses y contradicciones. 

En su interior, están formados por personas que tienen también sus propias agendas y objetivos. Muchos ministros y funcionarios representan intereses políticos, económicos o regionales definidos y muchos quieren, legítimamente, destacarse ante la opinión pública y ocupar algún día el solio de Bolívar. En este sentido, el DNP cumple también la complicadísima tarea de, además de velar por el cumplimiento del plan de desarrollo y las políticas del Gobierno, lograr consensos y, si no es posible, presentarle al Presidente las contradicciones existentes. En esa función, el DNP tiene la obligación de cuestionar y criticar iniciativas que considera perjudiciales para el país.

Los ministros y funcionarios saben que el Presidente, en todos los temas, siempre tendrá en el DNP otra fuente de información y análisis del más alto nivel. Por eso, el DNP es permanentemente criticado por los ministerios y dependencias al interior del Gobierno. También es constantemente cuestionado por el clientelismo y la politiquería. Y, cuando no está siendo criticado, es porque, posiblemente, no está cumpliendo adecuadamente sus obligaciones.

Además de los ataques provenientes del clientelismo y la politiquería, desde finales de los años ochenta y en los años noventa, el Fondo Monetario Internacional y los neoliberales trataron también de desmantelar los ministerios de planeación de casi todos los países de América Latina. Junto con Brasil y Chile, Colombia fue uno de los pocos que se resistió. Fue una sabia decisión que hoy también celebramos.

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