La educación sentimental que han recibido los jóvenes en América Latina se ha dado a través de la televisión o escuchando los mensajes de diversos géneros musicales, como la balada, el tango, la ranchera, el vallenato o el reguetón, nos dice en su último número la revista Arcadia, en una serie de ensayos originales e importantes para entender la mentalidad y el comportamiento de los grupos sociales.
Este es un tema tan interesante que uno se queda con las ganas del plato principal después de tan buen abrebocas. Porque, sin mucho esfuerzo adicional, la edición de Arcadia pudo haber sido un poco más erudita si hubiese integrado estos ensayos en el marco de una discusión conceptual del amor, como la que la misma revista presenta, unas páginas más atrás, con la entrevista al sociólogo polaco Zygmunt Bauman, autor de conceptos novedosos para entender la sociedad contemporánea, como los de modernidad líquida y amor líquido. Es una lástima que no haya realizado este ejercicio, porque es muy claro que, por ejemplo, la balada o el bolero son la versión de amor y de romance de la vieja sociedad machista y sólida —en el sentido de Bauman—, en tanto los mensajes del reguetón son claramente la versión líquida del amor, en donde la mujer ya no está subordinada al hombre, las oportunidades para los géneros ya están más equilibradas y las mujeres se conectan o desconectan en sus relaciones con la misma facilidad con que lo hacen los hombres.
El ensayo sobre el papel de la televisión también pudo ser un buen abrebocas para analizar en profundidad el papel que ha jugado este medio entre nosotros, no sólo con relación a la educación sentimental, sino en el marco de la educación general, la formación de valores y el carácter de la gente. Este es un tema importantísimo y muy descuidado por nuestros políticos, académicos y formadores de opinión. Y, como pocos, el Homo videns, del filósofo político italiano Giovanni Sartori, podría ser un marco de referencia para efectuar este ejercicio. Según algunos demasiado apocalíptico, Sartori es muy convincente en argumentar que la televisión está, en alguna medida, desnaturalizando al ser humano de su capacidad simbólica, al hacer primar lo visible sobre lo inteligible. Para Sartori, la televisión es mucho más que un instrumento de comunicación, pues se ha convertido en la parte más importante del proceso de formación de los niños y adolescentes —lo que los antiguos griegos llamaron un paideia—, por el simple hecho de que los niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y escribir. Así, el niño formado en la imagen se reduce a ser una persona que no lee, débil en vocabulario cognoscitivo y para entender palabras abstractas que no tienen correlato en cosas visibles cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Los niños así formados se convierten en adultos ignorantes del saber transmitido por la lectura escrita. Los adultos siguen siendo una especie de videoniños, empobrecidos y marcados por una atrofia cultural —muchos sólo ven telenovelas— y, por supuesto, atrofiados también como ciudadanos y convertidos en marionetas manipulables por quienes controlan la videocultura y, sobre todo, la videopolítica. Qué bueno sería que, más pronto que tarde, este buen abrebocas de Arcadia se convirtiera en un plato principal de debate a nivel nacional.