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Una sociedad cerrada

08 de mayo de 2016 - 03:08 p. m.

Las últimas noticias que llegan desde Venezuela nos hacen estremecer.

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En un barrio de Caracas se reporta que la gente está cazando perros, gatos y palomas para comer, y otra noticia da cuenta de unos militares en el fuerte militar de Manaure robándose unos chivos porque la guarnición no tenía nada para comer. Aunque las noticias están censuradas, se incrementan los saqueos a farmacias, supermercados, centros comerciales y a camiones que transportan alimentos.

El país se ha llenado de delincuentes y de bandas, cuyos jefes son abatidos para ser prontamente reemplazados por otros forajidos. De Nuevo Callao llega la noticia que fue abatido El Topo, un delincuente acusado de muchos crímenes y homicidios, entre ellos a 15 mineros cuyos cuerpos aparecieron el pasado 15 de marzo. Del estado de Guárico la noticias afirman que las fuerzas de seguridad mataron a El Picure, otro delincuente involucrado en delitos de robo, secuestro, extorsión, robo de vehículos y tráfico de drogas. No pudiendo argumentar que son colombianos, el Gobierno los acusa de ser paramilitares asociados a la “extrema derecha”.

Todo el país, excepto Caracas, está en racionamiento eléctrico de cuatro horas diarias y, aunque el Gobierno le echa la culpa al fenómeno de El Niño, durante años no ha hecho el mantenimiento y la reposición de capital en generadoras, líneas de transmisión y distribución. La empresa Polar anuncia que deja de producir cerveza por falta de divisas para comprar materias primas, lo que pone en riesgo el trabajo de 10.000 empleos directos y mas de 300.000 indirectos. El Gobierno responde acusando a Lorenzo Mendoza de complotar para paralizar el país y un grupo de parlamentarios oficialistas lo acusan de traición a la patria.

Ente tanto, la tasa de homicidios alcanzó un nivel de 90 por cada 100.000 habitantes, la más alta del mundo y, según el índice de percepción de la corrupción, de Transparencia Internacional, Venezuela ocupó en el 2015 el puesto 158, uno de los peores entre 168 países. Por su parte, la inflación en el 2015 se situó en un 180 %, la más alta del mundo, y el Fondo Monetario Internacional proyecta una tasa de un 700 % para el 2016.

Todo esto sucede después de 16 años de un Gobierno hegemónico chavista, el único responsable de esta desgracia. Pero, quizá, más que Chávez, Maduro, Cabello y compañía, la verdadera culpable de esta desgracia es una ideología que pretendió haber descubierto una supuesta ley científica que resuelve los problemas de la sociedad de una vez y para siempre: el socialismo del siglo XXI. La situación que vive hoy Venezuela es hija de esa supuesta verdad, que no es otra cosa que la certeza de una sociedad cerrada.

Como contraste, y a pesar de todos los problemas que enfrenta, la sociedad abierta de una democracia liberal y de economía de mercado puede también ser científica, no porque contenga leyes que determinan su curso, sino porque puede avanzar aprendiendo de sus errores. Mientras en la sociedad cerrada el jefe máximo ya tiene todas las respuestas para un futuro que es único y predecible, en la sociedad abierta se avanza a base de ensayos y errores, de hipótesis que se someten a la argumentación crítica y con una concepción de un futuro que es no solo impredecible, sino abierto a infinitas posibilidades. Mientras la sociedad cerrada la suprime, la sociedad abierta solo puede vivir en libertad.

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