En el frío invierno de las calles de Santiago de Chile, decenas de miles de jóvenes, sus profesores, muchos padres de familia y sectores de clases medias claman por el «fin del lucro» y por la provisión pública de la educación superior, por la defensa del medio ambiente, por mayor inclusión e igualdad social.
Entre tanto, los ministros, los políticos de oposición y los analistas evidencian una gran confusión y perplejidad. La favorabilidad del presidente Sebastián Piñera se desploma en las últimas encuestas a unos niveles de popularidad de un 25%, pero también la de los partidos de oposición, que están en niveles aún inferiores. ¿Qué pasa en Chile? En realidad, es muy difícil explicar la crispación social y el desprestigio del presidente y los políticos con una economía que creció a un 8% en el primer semestre, con una de las tasas más bajas de desempleo en quince años, con un ingreso per cápita de 15 mil dólares, con unas de las mejores redes de autopistas del mundo, con niveles de transparencia semejantes a los países escandinavos, con una tasa de homicidios como la del Reino Unido, con reducciones de la pobreza espectaculares. Y, también, con las más altas coberturas de educación de la historia.
Justo cuando perdía la esperanza por encontrar una explicación a estas paradojas, me encontré, en una librería de Vitacura, con una excelente narrativa de lo que está sucediendo, en el libro Por qué no me quieren de Eugenio Tironi, uno de los grandes intelectuales de Chile. Inicialmente concebido para explicar por qué los chilenos no quieren a su presidente, el ensayo termina siendo una explicación más histórica y global de la sociedad chilena. Así, lo que muchos consideran una profunda crisis, que miran con apuro y preocupación, Tironi la ve con simpatía y como una llegada a cierta normalidad y madurez. Inspirado en textos de Tony Judt y otros intelectuales europeos, Tironi argumenta en forma convincente varias semejanzas entre lo que sucede hoy en Chile y mayo de 1968. Más que una lucha de clases, lo que hay es un levantamiento generacional. Es una rebelión de los jóvenes de clases medias que les están diciendo a sus padres y a sus abuelos que los quieren y respetan, que reconocen sus angustias, esfuerzos y sacrificios durante las cuatro décadas que se extienden entre el golpe militar, pasando por la dictadura, el exilio, la transición, hasta la reconstrucción de la democracia. Pero que ya basta, que ha llegado su turno. La generación joven más escolarizada que ha tenido el país, la más conectada con el mundo, la que ha tenido la vida sexual más libre y temprana, la que ha dispuesto de más oportunidades de todo orden, la menos sometida de la historia al miedo de la pobreza está argumentando que para cambiar la sociedad hay que cambiar de generación en el poder, no la coalición política que lo ejerce. Es una generación que reclama participación directa, sin intermediarios ni instituciones. Tironi argumenta que a la clase dirigente, en el Gobierno o en la oposición, le ha tomado tiempo comprender lo que se está moviendo bajo sus pies. Por supuesto, la crisis también tiene detonantes coyunturales, como la inhabilidad de Piñera para conectar con la gente, pero no es lo fundamental. Este libro es un frescor, que reivindica disciplinas como la cultura y la sociología y deserta con razón de explicaciones hueras que planteamos muchas veces los economistas.