La gran mayoría de colombianos estamos presenciando desde la barrera la ocurrencia de hechos que nos preocupan, sin saber muy bien por qué, pues no tenemos claro cuál va a ser su impacto en nuestras vidas. Sabemos que algo anda mal, que seguramente nos va a afectar, pero no sabemos cuándo ni cómo.
Nos alarma la profunda crisis financiera. Claro que como no teníamos acciones en Lehman Brothers, ni estábamos especulando en Wall Street —ni siquiera en la Bolsa de Bogotá—, y tampoco teníamos ahorros en dólares, por el momento la vemos como un problema de otros. La intuición nos dice que no debemos estar tranquilos, pues tarde o temprano llegará a nuestros bolsillos. Por ahora, sabemos que los fondos donde están nuestras pensiones tenían inversiones por esos lados, pero confiamos que de hoy a diez o quince años las cosas estarán bien.
Las autoridades y los analistas dicen que hay que tomar medidas, que la economía está blindada, pero que no estamos aislados y que obviamente se sentirán los efectos, especialmente en materia de acceso al crédito. Además, entendemos que en esta coyuntura el TLC con Estados Unidos está bastante embolatado; claro que como no somos exportadores de flores ni calzado, no lo vemos como una grave amenaza, aunque los economistas estén preocupados. Por último, vemos cómo las proyecciones económicas se están ajustando, y entendemos que si el país no va a estar tan bien, nosotros tampoco.
Pero en definitiva no tenemos ni idea de qué nos va a pasar, ni si debemos ahorrar y no gastar la plata o sacar el crédito para el carro, o si podemos seguir con nuestro plan de expansión del negocio. Y no hemos recibido señales claras al respecto. Tal vez porque no se sabe cuál es la magnitud real de la crisis y si estamos viviendo cambios estructurales del sistema capitalista, o si las medidas que se están adoptando en los distintos países lograrán contenerla. Además, tampoco se sabe quién será la persona llamada a liderar este proceso. Un enigmático Obama —con ideas liberales bien interesantes pero no tan amigo de Colombia— o McCain, quien sería un buen aliado pero con un Congreso en contra.
Tal vez por todo eso es que se habla de que la crisis es de confianza. Eso sí lo entendemos un poco mejor. En momentos así, uno empieza a desconfiar de todo.