Los análisis de los efectos del Plan Colombia a menudo confunden la correlación con la causalidad.
En febrero del año 2000, el entonces zar antidrogas, Barry McCaffrey, describió durante una audiencia en el Congreso de los Estados Unidos algunos de los despilfarros de dinero que estaba generando el Plan Colombia.
«Cuando fui a Colombia vi al ejército pintando los Black Hawk nuevamente, pero lo estaban haciendo sobre la pintura especial para reflejar radares que había costado más de 100 mil dólares, y la cambiaron sólo para que pudieran poner un escudo que dijera ‘Ejército de Colombia’ en la cola», se lamentó McCaffrey.
Prácticamente la mitad del Plan Colombia (PC) se usó para comprar helicópteros para las fuerzas militares y cubrir sus gastos de mantenimiento -entre ellos arruinar la pintura anti radares-. Más de la tercera parte fue para las operaciones de fumigación y los vehículos aéreos para la policía. Hubo una porción para la creación de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega -que a pesar de haber hecho operaciones contraguerrilla efectivas, fue responsable por un número todavía desconocido de falsos positivos; el último informe de Human Rights Watch detalla el asesinato de al menos cuatro civiles para hacerlos pasar por guerrilleros-. También se creó el centro de entrenamiento americano en la base Tres Esquinas, y se invirtió en interdicción aérea y marítima que ha tenido algunos efectos, pero ninguno contundente.
En suma, el PC hizo parte de la estrategia de seguridad de las fuerzas armadas, pero no fue la totalidad de la estrategia. Por ejemplo, entre 1999 y 2004 fue mucho más influyente en la lucha contraguerrilla el paramilitarismo, y la cooperación de las fuerzas armadas con los distintos bloques de las AUC y las ACCU. El evidente pacto con el diablo, y no los helicópteros de los americanos, las fumigaciones y los entrenamientos, fue lo que tuvo un impacto directo en Norte de Santander, Santander, Cesar, Córdoba, Montes de María, Antioquia, Meta, Urabá, Magdalena Medio, el Bajo Magdalena, Chocó, y tantas otras regiones donde se vivió el horror de las masacres y la ola de desplazados. Ahora el gobierno de Colombia pretende lavar los motivos y los efectos de ese baño de sangre histórico con el dinero del PC, cuando en realidad la principal estrategia contraguerrilla del Estado colombiano hasta el año 2005 fue la colaboración con los paramilitares.
Igualmente, no fue el PC lo que provocó el aumento de las víctimas, como erróneamente deduce un artículo publicado por el medio británico BBC. Fue el recrudecimiento de la guerra hasta el paroxismo de la ofensiva paramilitar.
Tampoco, como sugiere en un análisis la periodista estadounidense Ariana Huffington, el PC fue el responsable de recrudecer la guerra en Colombia. Una guerra total se iba a dar, con o sin el PC, desde que se acabaron los diálogos del Caguán.
Cuando se habla del PC, muchos confunden la correlación con la causalidad. El PC afectó tan sólo algunos aspectos de la guerra en Colombia entre el 2000 y el 2015, pero por favor, estuvo lejos de afectarlos todos.
Por último, desde el 2005 los índices de violencia se redujeron en algunas regiones, no gracias al PC directamente, sino por el proceso de Justicia y Paz, y la mutación de los ejércitos paramilitares a bandas criminales. Los homicidios no cayeron en todas las regiones. En algunas suben y bajan. Arauca, por ejemplo, donde el PC tuvo uno de sus principales programas, no ha salido de la guerra.
El PC fue un componente, uno solo, de la cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos, que ha contribuido a llevar a las Farc a la mesa de negociaciones.
Por ejemplo, los bombardeos a los campamentos guerrilleros que permitieron dar de baja directamente a los miembros del secretariado no fueron parte del PC, y han sido una de las estrategias más efectivas para debilitar a las Farc al punto de llevarlas a negociar a Cuba.
En cambio, es fácil afirmar algunas verdades incómodas. El PC fue una danza de los millones que llovió sobre fuerzas militares que trabajaban en llave con el paramilitarismo. Es una verdad histórica, comprobada. Esto quiere decir que los Estados Unidos financiaron fuerzas militares que estaban aliadas con los mismos narcotraficantes que el PC pretendía combatir. Es una ironía ejemplar de cómo opera realmente la supuesta guerra contra las drogas.
Los recursos del PC, finalmente, fomentaron la corrupción en los altos mandos de las fuerzas armadas, y alimentaron una cultura del lucro privado en las contrataciones que si bien siempre ha existido, nunca había manejado cifras tan altas. Esto ha sido muy perjudicial a la hora de lograr un apoyo amplio de las fuerzas militares para darle un fin al conflicto. Se han acostumbrado a que la guerra es un muy buen negocio.
Twitter: @santiagovillach