El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El fracaso de la inteligencia francesa

16 de noviembre de 2015 - 09:00 p. m.

Los ataques en París delatan el lamentable estado de los servicios de inteligencia franceses.

PUBLICIDAD

Habían recibido advertencias por parte de Turquía, algunos de los atacantes estuvieron combatiendo en Siria y otros habrían podido pasar por un filtro cuando fueron aceptados como refugiados: los servicios de inteligencia franceses tuvieron a los atacantes bajo sus narices, incluso bajo observación, y aún así se produjeron los atentados.

No sólo eso, sino que ya se habían dado cuatro incidentes más en el país relacionados con terrorismo, tan sólo en el 2015. Si bien lograron frustrar seis atentados este año, entretanto, en Estados Unidos y Gran Bretaña, que están igual de comprometidos en los conflictos contra el Estado Islámico e igual de amenazados por él, no se han dado ataques terroristas este año. En Estados Unidos, de hecho, no ha habido ninguno desde el 11 de septiembre de 2001. Es la diferencia entre un sistema de vigilancia y protección desarrollado, y uno deficiente.

La lucha más importante contra el Estado Islámico, en lo que concierne a los ciudadanos franceses de a pie, no se libra en Siria o Irak, sino dentro de las fronteras de Francia. En los momentos posteriores al ataque se observan policías con las pistolas desenfundadas; al día siguiente, más militares con ametralladoras patrullan la Torre Eiffel, pero desde que se cometió la masacre de Charlie Hebdo hasta ahora no se han destinado suficientes recursos para fortalecer el trabajo de la DGSE, el principal organismo de inteligencia.

Los países del primer mundo que han decidido emprender el intervencionismo bélico en el Medio Oriente están expuestos al terrorismo. Esto no es algo nuevo, y Francia también ha vivido olas de atentados terroristas en décadas anteriores. Proteger las fronteras internas es el primer paso de la guerra que tendrán que librar.

El segundo paso sí es externo, e implica acabar con el fenómeno del Estado Islámico, una ideología de odio cuya imparable violencia sólo puede ser combatida con las armas. No hay diálogo ni concertación posible. El Estado Islámico debe ser erradicado de la misma forma que fue erradicado el nazismo.

Los estados del primer mundo, sin embargo, no están ya dispuestos a invertir el mismo capital humano y financiero que invirtieron para eliminar al nazismo. El motivo es obvio, aunque se pierde de vista en la retórica de los dirigentes mundiales: el Estado Islámico no es una amenaza para la forma de vida de los países que son víctimas de su terrorismo. El nazismo, en cambio, sí lo fue. Por muy asediada que se encuentre París, Francia no será conquistada y su estado no caerá. La estructura básica de la vida en Europa no va a colapsar por el terrorismo del Estado Islámico.

Por eso es difícil creer que habrá una gran coalición occidental para darle fin definitivo a este fenómeno, aunque fuera posible su creación. Los países del primer mundo tienen la capacidad para acabar con el Estado Islámico mediante campañas militares concertadas. Es entendible que, después del fracaso de Irak, Libia, Afganistán y todas las grandes empresas bélicas de occidente en el Medio Oriente durante el siglo XXI, al final opten por los bombardeos selectivos y el uso de tropas, o bandos locales, que luchen por ellos.

Pero también es probable que una vez acaben con el Estado Islámico, si es que logran hacerlo al menos en las áreas donde tiene mayor influencia, no puedan impedir que mute y se reproduzca en otros lugares, como el norte de Mali, Nigeria, Somalia, Yemen o Libia.

No ad for you

Tampoco podrán evitar que los jóvenes desprovistos de futuro en regiones asoladas por guerras, pobreza, desigualdad, eficaces rutas de contrabando, ilegalidad e inexistencia de estructuras estatales, opten en medio de la sobreabundancia de armamento, dedicarse a la guerra y al terrorismo internacional. Ese es el problema de fondo, y eso no se soluciona con más guerra y más armas.

El Estado Islámico requiere de una confrontación bélica para ser eliminado, pero si no se atacan los problemas de base, simplemente serán reemplazados por una estructura similar, o peor. Lamentablemente, los estados donde proliferan estos grupos no están preparados para solucionar semejantes retos. La historia parece la misma que luchar contra un cartel del narcotráfico, con decapitados y todo.

Twitter: @santiagovillach

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias