Las economías del mundo emergente podrían padecer un duro aterrizaje por la forma como en China se está manejando la deuda y la especulación de precios.
«El Gobierno perderá mucho dinero, pero nosotros estaremos bien», dijo Marco Zhou, un joven asesor para especuladores y desarrolladores chinos de bienes raíces, cuando se refirió a la burbuja inmobiliaria que eventualmente tendría que estallar en China. Zhou hablaba con Wade Shepard, autor de Ciudades fantasmas de China, un libro que se publicó en marzo sobre las nuevas ciudades de China. La especulación es el motor financiero de decenas de nuevas ciudades que se están construyendo.
Uno de los grandes motores de la economía de China durante por lo menos la última década ha sido impulsado por deuda y especulación de precios.
Al tiempo que la Eurozona lidiaba con el impacto de su crisis de deuda, entre el 2010 y el 2012, nosotros en el mundo emergente nos dábamos golpecitos en la espalda por no ser tan frágiles como las economías avanzadas. Nos ufanábamos de la «resiliencia de los emergentes», nos maravillábamos con el milagro chino, nos beneficiábamos de él, y acumulábamos deuda, unos más que los otros.
Pero la deuda, como la muerte, es una igualadora, en el sentido que eventualmente llega una cuenta de cobro, y la deuda de China es particularmente peligrosa para nosotros porque genera una reacción en cadena.
Es usual subestimar el impacto que la deuda tiene sobre las economías. A menudo incluso se llega al punto de ignorar que la deuda es, en efecto, deuda (la lógica de que si pago una tarjeta de crédito con otra tarjeta de crédito en realidad lo único que tengo que hacer es siempre tener tarjetas de crédito).
En el caso de China se escucha a menudo el comentario que, como la deuda es interna, o dinero que el Partido Comunista le debe al Partido Comunista, pues en realidad nadie la va a cobrar. También se escucha que los bancos pueden seguir endeudándose porque el Estado tiene muchísimo dinero.
El economista Christopher Balding, de la Universidad de Pekín, calculó hace poco que aproximadamente el 20% de las deudas de los bancos de China son malas. Puede que el Estado tenga mucho dinero, pero sus reservas extranjeras son 10 veces menores que los activos de sus bancos. Es decir, que China podría necesitar el doble de sus reservas extranjeras para pagar la deuda de sus bancos. Todos los bancos de China, por ahora, son estatales, pero con semejante nivel de deuda, ¿ en manos de quién quedarán muchos de ellos en algunos años, los árabes, los suizos, los americanos?
Cuando el Partido Comunista de China pierde dinero, debe tomar decisiones difíciles. Qué prefiere, por ejemplo, ¿salvar a los especuladores de bienes raíces o fortalecer su sistema de salud y pensiones?
Y otro dilema nos toca más directamente: ¿hacer préstamos de inversión en infraestructura para los países latinoamericanos, o seguir subsidiando su infraestructura que genera pérdidas?
Uno de los grandes riesgos económicos de China es que sus especuladores están acostumbrados a que el gobierno los salve. Creen que las arcas estatales son infinitas y están allí para protegerlos. Lo peor es que hasta ahora así se ha comportado el Partido Comunista.
Esta serie de mini-rescates en un contexto de deuda cada vez mayor es uno de los motivos para la desaceleración de la economía, la caída en los precios de las materias primas, y la eventual reducción en las inversiones de China en América Latina.
El gobierno de China perderá mucho dinero, y nosotros no estaremos bien.