El velo de secreto en los gastos reservados de las Fuerzas Armadas se emplea para encubrir comportamientos criminales.
“Puede haber algunas compras en el sector de defensa que deban permanecer confidenciales, pero el velo del secreto de la seguridad nacional se utiliza para encubrir comportamientos criminales y corruptos por parte de las compañías que fabrican armas, de los comerciantes de armas, de los gobiernos y de los políticos”, me dijo hace una semana Andrew Feinstein, autor del libro “El mundo de las sombras: el comercio mundial de armamento”, que es la investigación más completa publicada en los últimos 30 años sobre este tema.
“No tengo ni la menor duda de ello”, añadió, “y entre más investigo este campo, más me convenzo de esa realidad. No hay ningún motivo para el que muchos de estos gastos deban ser confidenciales, ninguna razón en absoluto”.
Quien piense que el escándalo de corrupción revelado por la Revista Semana en el Ejército Nacional es culpa de algunas “manzanas podridas” se equivoca. Según el economista Joe Roeber, que ha sido miembro de Transparencia Internacional, la corrupción es un componente central en las decisiones de compra de equipos militares, y genera el 40% de la corrupción en el comercio mundial. Roeber cita a un experto en investigación financiera, quien afirma que el 90% de las compras de armas son corruptas, y luego añade: “creo que este investigador estaba dando una cifra cauta”.
El velo de secreto que protege a quienes participan de estas transacciones es innecesario e incluso contraproducente para la misma seguridad nacional, pues genera ineficiencia y sobrecostos, y promueve la criminalidad en las Fuerzas Armadas.
Es peor para la seguridad nacional que las compras de armas se hagan mediante prácticas corruptas a que sean públicas. Según Feinstein, la manipulación de los procesos licitatorios lleva a que los gobiernos compren armamento de menor calidad, con mayores demoras en su entrega y con costos más altos de los necesarios, con tal de lograr mejores comisiones.
El afán por proteger estas prácticas corruptas lleva a otras prácticas criminales. El apartamento del periodista investigativo Gonzalo Guillén fue asaltado en mayo de 2011, un día después de que recibiera una memoria USB en la que se detallaban gastos reservados del ejército en los que hubo corrupción. Se forzó la ventana del apartamento del periodista y lo único que los asaltantes robaron fue esa USB. No hay que ser detective para concluir que el culpable de este robo fueron los militares que querían mantener sus crímenes en secreto.
En el texto que acompaña a la valiosa investigación publicada por la Revista Semana se concluye lo siguiente: “la mejor manera de fortalecer la credibilidad y la legitimidad de la institución del ejército es castigar drásticamente las irregularidades y la corrupción”. Estoy de acuerdo.
Sin embargo, yo iría más lejos. Considero que la mejor manera de combatir las irregularidades y la corrupción en la institución es eliminar el velo de secreto de la seguridad nacional en la mayoría de las compras de las fuerzas armadas, y permitir que estén abiertas al escrutinio de los ciudadanos.
La indignación pública que genera este escándalo debe canalizarse hacia la elaboración de esta reforma para fortalecer la transparencia en los gastos militares. Según Andrew Feinstein, un gobierno que introdujera este cambio reduciría de un 50% a 60% la corrupción en este sector.
Twitter: @santiagovillach