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Un mundo más igual y desigual

07 de enero de 2014 - 03:02 a. m.

Se ha reducido la desigualdad económica entre los países pero la desigualdad al interior de ellos ha aumentado.

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 El capitalismo globalizado ha reducido la desigualdad entre unos países y otros, pero ha contribuido a que aumente la desigualdad al interior de ellos. Esta tesis fue expuesta por el economista François Bourguignon en 2012, y fue reforzada en diciembre de 2013 por un estudio del Banco Mundial (“La distribución global del ingreso: desde la caída del Muro de Berlín hasta la Gran Recesión”).

Uno de los cambios geoeconómicos más significativos en el último cuarto de siglo, es decir desde que cayó el muro de Berlín, es el protagonismo del mundo emergente. Países como China, India, Brasil, Indonesia, México y Nigeria, en mayor o menor medida, ahora hacen parte de lo que podríamos llamar una “clase media” de naciones. Si bien hace tres décadas la mayoría de los países solían agruparse a grosso modo en países ricos y países pobres (o entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado), la división es ahora mucho más gradual. La desigualdad global se redujo y los países se parecen más entre sí.

Según Jean-Joseph Boillot, economista francés autor de Chindiáfrica: China, India y África frente al mundo del mañana (2013), el fortalecimiento de los países emergentes habrá de profundizarse, al punto que en el año 2030 el mundo globalizado será sustancialmente distinto al de hoy, y el centro de gravedad socioeconómico del planeta se trasladará al eje China-India-África.

Si bien esta apreciación puede subestimar el papel de América Latina, el punto que me interesa recalcar es que el desarrollo de la globalización está desplazando el centro de poder planetario, y estamos ante el inicio de un reequilibrio. Es el comienzo del fin de la inequidad enquistada en las sociedades mundiales desde las invasiones y colonizaciones europeas de los siglos XVI a XIX.

Si añadimos a este panorama el impulso en el crecimiento de América Latina gracias al aumento en el precio de las materias primas (commodities), es razonable pronosticar que durante de las próximas dos décadas se mantendrá la tendencia de reducción global en la desigualdad. El resultado de esta nueva etapa de la globalización capitalista sería, en el mejor de los casos, la superación de la estructura colonial y postcolonial de poder económico, demográfico y político. En el peor de los casos, el resultado sería un colapso de la economía mundial a causa de los efectos que sobre el medio ambiente tendría la enorme cantidad de carbono que se libera al utilizar la energía que permite este reequilibrio globalizado.

Pero este panorama aparentemente optimista trae de la mano una tendencia preocupante: el aumento en la desigualdad al interior de los países desde la caída del muro de Berlín es casi generalizado. Una de las razones fundamentales que dan cuenta de este retroceso es que los sueldos en los países emergentes no aumentan a la misma velocidad que las ganancias que genera el capital para los sectores más adinerados de la población. Los ricos se hacen más ricos pero los pobres, o bien se hacen más pobres, o la riqueza no se extiende “hacia abajo”, como se supone que sucede según las tesis de algunas corrientes neoliberales. Éstas asumen que la distribución de la riqueza acontece de forma casi automática si se genera más rentabilidad para la burguesía. La realidad, sin embargo, no le hace justicia a sus esperanzas.

Esta situación es evidente en muchos países africanos. Mozambique y Angola, por ejemplo, han logrado mas de cinco años de un crecimiento económico nunca antes visto; pero los efectos de la bonanza en el carbón y el aluminio, en el caso de Mozambique, y del petróleo en el de Angola, han fortalecido a una clase empresarial que tiene fuertes vínculos con la clase política, o cuyos miembros hacen también parte del gobierno.

En América Latina, si bien hay clases medias más fortalecidas que en la mayoría de los países africanos, la desigualdad también ha aumentado. En octubre de 2013 las Naciones Unidas publicaron un informe en el que Colombia, Brasil y República Dominicana, en este orden, eran los países con la mayor desigualdad en América Latina.

El mundo inicia el 2014 con una comprensión más clara de los efectos que la globalización ha generado sobre la desigualdad socioeconómica. El siguiente paso es, con base en ello, imaginar y diseñar soluciones.


Twitter: @santiagovillach

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