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Un Nobel de Literatura para Grandmaster Flash

17 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

Si Bob Dylan ganó un Premio Nobel de Literatura, también deberían dárselo a un cantante de hip-hop.

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La Academia Sueca ha hecho estallar en pedazos el dique entre la cultura pop y la literatura (escrita). Al equiparar a Bob Dylan con William Butler Yeats, Octavio Paz, Pablo Neruda y Rabindranath Tagore, por la contribución de Dylan a «la gran tradición americana de la canción», se hace en teoría extensible el Premio Nobel de Literatura a artistas como Leonard Cohen, Patti Smith, Nick Cave, Robert Smith, Morrisey o Roger Waters (por no hablar de Silvio Rodríguez, Rubén Blades o Georges Moustaki). Es un camino equivocado. 

La calidad literaria de las letras de rock, aunque en muchos casos alta, no llega a la de los poetas que han sido premiados con el Nobel. Esto no es un asunto simplemente subjetivo. Tiene que ver también con la dificultad de la creación poética. Al comparar la obra de Yeats con la de Bob Dylan, un criterio entrenado nota la diferencia. La complejidad del verso, la métrica, las imágenes, las metáforas, su relación con la tradición, en fin, todo esto pesa cuando se juzga la calidad de un poeta. La necesidad de cantarla, de tener una estructura de puente y coro, de ser accesible, dificulta que las letras de canciones sean poesía del más alto nivel literario.

Pero la Academia Sueca lo aclaró: la distinción a Dylan no se la están dando por su obra entendida como poesía escrita, sino acompañada de instrumentos. Por eso lo comparan con Homero y Safo. Esto me lleva al segundo motivo por el que el galardón es un desacierto. Los músicos pop tienen suficientes plataformas de difusión y reconocimiento. La poesía, el cuento y la novela cada vez pierden más público ante la canción y las series de televisión. El Premio Nobel es la plataforma más efectiva para la difusión de escritores. No hay necesidad de que la Academia Sueca acelere a tan alto grado el universal proceso de banalización cultural y pereza mental.

Pero el premio ya se otorgó y la suerte está echada. Ojalá me equivoque, y a la larga esto fomente la lectura de otros Premio Nobel, o motive a los músicos a escribir mejores letras. Sea como fuere, suficiente se ha dicho ya sobre este aspecto de la polémica. Exploremos ahora una hipótesis consecuente con el premio de la semana pasada: que el Nobel de Literatura se lo den a alguno de los pioneros del hip-hop.

«La gran canción americana» fue la expresión cultural premiada por la Academia Sueca, pero como corriente cultural resulta igual o más revolucionario el hip-hop. En él es más protagónico el lenguaje como materia prima de la canción, pues el ritmo y la melodía dependen, casi exclusivamente, de cómo se vocalizan las palabras (tanto que el género literario de «spoken word poetry» surge de innovaciones lingüísticas exploradas originalmente por el hip-hop).

Además el hip-hop, en su vertiente de canción de protesta, ha sido adoptado por la juventud del mundo entero como herramienta para hacer denuncias. Este género, porque no requiere de costosos instrumentos y puede hacerse en la calle, en las esquinas, le da voz a los chicos que nacieron en las comunas, en los banlieues, en las favelas, en los guetos, en comunidades satanizadas y oprimidas por una estúpida e inmoral guerra contra las drogas, por el racismo y la desigualdad social. En Túnez y Egipto, incluso, los himnos de hip-hop fueron protagonistas de la Primavera Árabe.

¿Merecen ellos un Premio Nobel? Si lo merece la tradición de la canción americana, que es en buena medida blanca, no veo porqué el hip-hop no. Más intrépido y políticamente interesante que un premio a Bob Dylan, sería concederlo a alguno de los precursores del hip-hop del Bronx. Chuck D dijo que el rap era «el CNN de la gente negra». Grandmaster Flash, con su canción «The Message», inauguró la tradición del hip-hop de protesta. Rakim la llevó a un nuevo nivel. ¿Es Bob Dylan mejor que ellos? No lo creo.  

Y si un cantante de hip-hop no merece un Premio Nobel de Literatura, preguntémonos entonces si hay un elitismo racial y social implícito en las decisiones de la Academia Sueca. Finalmente, a partir de este año el Premio Nobel de Literatura ha dejado de otorgarse por la calidad literaria de los textos. Ahora otros criterios son más importantes.


Twitter: @santiagovillach

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