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De vacunas, guerras y religiones

19 de enero de 2016 - 09:34 p. m.

El ataque del pasado miércoles en Pakistán a la campaña de vacunación contra la poliomielitis vuelve a poner de presente las tensiones entre la ciencia, la tecnología las creencias y los intereses político-militares.

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El principal grupo talibán de Pakistán reivindicó la acción mediante la cual uno de sus integrantes activó los explosivos que llevaba, causando la muerte al menos a 12 policías y dos civiles y heridas a 10 personas más que acompañaban a los brigadistas que realizaban una campaña de vacunación en la provincia de Baluchistán. Este tipo de ataques no son nuevos. Empezaron allá en 2012 y han producido hasta ahora cerca de 100 muertos. Por qué? Hay antiguas razones religiosas y hay motivos político-militares recientes.

Desde cuando se descubrieron las vacunas a finales del siglo XVIII, y se generalizó su uso en el siglo XIX, hasta la actualidad, ha habido argumentos científicos predominantemente a favor y algunos en contra. Ha habido también posiciones religiosas en ambos sentidos. Y ha habido frecuentes utilizaciones indebidas de las campañas de vacunación, con efectos devastadores. Pakistán constituye un caso emblemático de estas tensiones. Es uno de los tres países en donde todavía es endémica la polio; los otros dos son Nigeria y Afganistán. Sectores radicales religiosos de los tres países se oponen a la vacunación por considerarla una estrategia occidental para esterilizar la población y acabar con el islam. Pero en Pakistán hay un antecedente más grave y reciente.

En mayo de 2011 la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA, utilizó en Abbottabad una campaña engañosa de vacunación contra la hepatitis B, para obtener muestras de sangre de posibles allegados a Osama bin Laden. Con el apoyo comprado del médico Shakil Afridi, condenado después por traición en Pakistán a 30 años de cárcel, la CIA logró su cometido, pero volvió a sentar un nefasto precedente con la utilización perversa de un recurso técnico-científico benéfico para la humanidad.

Las reacciones no se hicieron esperar. Médicos Sin Fronteras denunció la “grave violación deontológica”, es decir, el intolerable atentado contra la ética en el ejercicio de las profesiones de la salud. En enero de 2013, los decanos de 12 de las principales facultades de Salud Pública de los Estados Unidos le enviaron una carta al presidente Obama, advirtiéndole que “como principio general, los programas de salud pública no pueden usarse para llevar a cabo operaciones encubiertas”. En agosto del mismo año, ante la presión interna e internacional, el director de la CIA tuvo que dar instrucciones a sus agentes para que “no utilicen en sus operaciones los programas de vacunación”.

En Colombia, en donde se ha vacunado contra la polio desde la década del sesenta, se registró el último caso en 1991. Desde 1994 la Organización Mundial de la Salud declaró a toda América libre de polio. La vacunación continúa en los distintos países contra ella y contra las demás enfermedades consideradas justamente inmunoprevenibles.

En el contexto de nuestra guerra interna se han registrado también frecuentes y graves amenazas y atentados contra las distintas actividades de la Misión Médica, entre ellas las campañas de vacunación, como sucedió con el brote de fiebre amarilla en la Sierra Nevada de Santa Marta en el 2004. Por extraña coincidencia, en el 2013, año en el que estaba al rojo el debate internacional sobre el uso bélico de acciones sanitarias, el Comité Internacional de la Cruz Roja registró en Colombia 255 casos de atentados contra la Misión Médica. Atentados como estos, o como el de Pakistán, condenables, por supuesto, tienen entonces una larga historia y un complejo entramado político-científico-religioso que debemos entender y resolver si no queremos que se sigan repitiendo con igual o mayor crueldad y frecuencia.

 

* Médico social

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