A pocos días de las elecciones para alcaldes en todo el país, se requiere cabeza fría y análisis cuidadoso para desentrañarproblemas como la salud y escoger las mejores propuestas programáticas.
No son buenos consejeros los estereotipos mediáticos ni las pasiones partidistas.
El caso de Bogotá es especialmente sensible, no sólo por ser una metrópoli de casi 8 millones de habitantes y capital del país, sino porque en ella, después de casi dos siglos de gobiernos ininterrumpidos de los partidos tradicionales, ha habido en los primeros años de este siglo una sucesión de gobiernos de oposición que han intentado algunos cambios de fondo en lo social, con resultados agridulces, cuestionamientos a su gestión y, en un caso, graves hechos de corrupción.
Son obvios los enormes problemas de movilidad, seguridad y liderazgo que hoy tiene la ciudad. No son nuevos, es verdad, pero tienden a incrementarse y tienen un peso muy negativo en la calidad de la vida urbana. Hay también avances innegables en campos como los niveles de equidad, la tendencia favorable de algunos indicadores de salud y la garantía efectiva de derechos básicos. Sólo algunos ejemplos. Hoy la ciudad garantiza el mínimo vital de agua potable a la población más pobre. El porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza se redujo en Bogotá de 31.7% en 2002 a 10.1% en 2014, mientras en el país sigue en 28.5%, según el Dane. Y por debajo de la línea de indigencia – es decir, en la miseria – la reducción en la ciudad fue del 7.1% en 2002 a 1.6% en 2014, mientras en el país sigue en el 8.1%. Los homicidios en la ciudad bajaron de 24.3 por 100.000 habitantes en 2003a 17.5% en la actualidad. Y dos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio –ODM-, la mortalidad materna y la mortalidad infantil, se alcanzaronen la ciudad antes del tiempo fijado. Hoy la mortalidad materna es de 29 por 1.000 nacidos vivos, la mitad de lo que era en el 2003, y la mortalidad infantil fue en el 2013 de 10.1 por 1.000 nacidos vivos cuando la meta de los ODM era de 17.5. Todos sabemos que resultados como estos obedecen a diversos procesos y factores, no sólo a las administraciones de la ciudad.Pero sería miope e injusto desconocer su aporte.
La lectura de los programas de los aspirantes a la alcaldía de la ciudad, publicados por la Registraduría Distrital, y el seguimiento a los múltiples debates que han tenido, permiten reconocer tanto las principales diferencias como algunas afinidades en sus orientaciones, propósitos y propuestas para la salud de Bogotá. Es imposible en una columna de este tamaño hacer una discusiónsuficiente de todas las propuestas programáticas. De los cuatro candidatos que según las encuestas siguen teniendo opción: Enrique Peñaloza, Rafael Pardo, Clara López y Francisco Santos, como ciudadano y salubrista encuentro una mirada más comprensiva y propuestas más elaboradas en los programas de salud de Pardo y López. Las propuestas de Santos yPeñaloza, muy afines en mi opinión, tienen un carácter muy sintomático, asistencialista y tecnocrático. Y entre las de Pardo y López, encuentro más compacta, mejor fundamentada, más sintonizada con la paz y el paísy con mayores posibilidades de aplicación la de Clara López. Su conocimiento y experiencia directa de la salud en la ciudad, su perspectiva del buen vivir, la equidad en salud y ésta como derecho, su coherencia con los postulados de la Ley Estatutaria en Salud, su visión intersectorial y su decisión de fortalecer la institucionalidad pública y cultivar lo ya sembrado en el programa de territorios saludables, enmendando los errores, me llevan a respaldar su propuesta y considerarla una buena fórmula para la salud y la vida digna en Bogotá, que es parte de lo que en el fondo todos queremos.
El autor es médico social.