El trabajo es fuente de salud y de vida y, paradójicamente, también de enfermedad y muerte.
El trabajo nos permite realizar lo mejor de nuestra energía, poner nuestros conocimientos y capacidades al servicio de la sociedad y de la transformación de la naturaleza, haciéndonos sentir útiles y retribuyéndonos no sólo con ingresos para atender las necesidades existenciales sino también con satisfacción personal y reconocimiento social.
Pero, al mismo tiempo, con frecuencia nos enfermamos por condiciones relacionadas con el trabajo, tales como ambientes laborales inadecuados, enfermedades profesionales, trabajos de alto riesgo, o las tensiones generadas por el desempleo o la inestabilidad laboral. Y no sólo nos enfermamos. También podemos morir como consecuencia del trabajo. A raíz de la reciente celebración del día internacional del trabajo el 1º de mayo, y del día mundial de la salud y seguridad en el trabajo el 28 de abril, se divulgaron hechos y cifras de tal gravedad que merecen especial atención.
La Organización Internacional del Trabajo informó que cada segundo hay 10 accidentes laborales y que cada 15 segundos muere un trabajador/a en el mundo por enfermedades o accidentes relacionados con el trabajo. La situación en Colombia no es mejor, según la Escuela Nacional Sindical, una entidad seria de la sociedad civil que viene trabajando hace más de tres décadas en la formación de los trabajadores y en producir y divulgar información confiable sobre la realidad del mundo del trabajo. A continuación, unos pocos datos.
En el 2015 se registraron 2 muertes diarias por accidentes laborales, y el mayor número de tales accidentes en la historia del país: 723.836, lo que da un alarmante promedio de 83 por hora. Diariamente se diagnosticaron en el mismo año 26 enfermedades laborales, pero se sabe que son muchas más, pues sólo se registra aproximadamente el 5% de las que ocurren. La situación es más preocupante si se tiene en cuenta que más de la mitad -el 56%- de los trabajadores colombianos/as no están cubiertos por el sistema de protección social en seguridad y salud laboral, cifra que asciende hasta el 96% entre los informales, que conforman la mitad de los trabajadores del país. La desprotección social es también altísima en sectores como los trabajadores del campo y las trabajadoras de servicios domésticos.
Las condiciones laborales hacen aún más sombrío el panorama. Más del 40% de las personas ocupadas en el país devengan un salario mínimo o menos. Y las inequidades de género, aunque se han reducido, persisten: cuando la tasa de desempleo era de 8.9% en el país, la de hombres era 6.7%, y la de mujeres 11.8%. Dichas inequidades se confirman con otro indicador del mismo fenómeno: mientras la tasa de ocupación de los hombres es de 70%, la de las mujeres sólo llega al 48%.
Tres datos finales: la sindicalización en Colombia ha disminuido hasta el punto de que hoy sólo el 4.6% de los trabajadores hacen parte de organizaciones sindicales.
En 2015 se registraron 20 asesinatos de sindicalistas, 90% de los cuales siguen en la impunidad. Es decir: a más de estigmatizada y desestimulada, la sindicalización se ha convertido en Colombia en una opción de alto riesgo de muerte. Y de muertes impunes.
La construcción de una sociedad en paz – si logramos vencer de forma pacífica pero decidida la amenazante “resistencia civil” contra ella – implica también generar empleo y condiciones de trabajo dignas y decentes, que reduzcan la morbilidad y la mortalidad en el trabajo. Es necesario superar tanto las inequidades como los riesgos laborales y sindicales enunciados. De lo contario, la paz será de papel y nos veremos obligados a emprender la resistencia civil contra el desempleo, la explotación y las inequidades en el amplio mundo del trabajo.