En los últimos dos años, empresas colombianas de sectores como el financiero, los seguros, la energía y el cemento aceleraron sus incursiones en Centroamérica, en algunos casos estimuladas por la entrada en vigencia de un TLC con Guatemala, Honduras y El Salvador.
El balance inicial es favorable, dada la capacidad competitiva de los inversionistas y exportadores colombianos. Pero, sin ánimo de aguar la fiesta, es necesario señalar que el entorno económico, político y social en que ocurren estos movimientos, así como sus perspectivas, no resultan alentadores.
Al finalizar 2010, Centroamérica se mostraba como una de las subregiones de más lenta recuperación de la crisis debido a su alta dependencia de la economía norteamericana. Este año y el próximo, con la única excepción de Panamá, que crecerá a tasas superiores al 7,2%, sus naciones tendrán un desempeño inferior al promedio de América Latina y el Caribe. Costa Rica crecerá alrededor del 4% y los demás lo harán a tasas que oscilan entre el 2% y el 3,5%, acosados por la desaceleración del consumo.
El panorama de seguridad es el más preocupante. El narcotráfico, la criminalidad y la corrupción permean diferentes actores en la mayoría de los países, amenazando su estabilidad política e institucional a diferentes niveles. Los nexos de este ambiente enrarecido con el accionar de los carteles de México generan cada vez más tensiones.
El panorama político, por su parte, expresa los desafíos comunes que hoy enfrenta la democracia centroamericana. Ningún país es la excepción. Nicaragua se enfrenta a una previsible polarización en medio de denuncias de fraude una vez reelecto Daniel Ortega. Honduras no logra condensar los conflictos que la alejaron temporalmente de la OEA. En Guatemala, el exgeneral Otto Pérez Molina asumirá el poder asediado por acusaciones de violación a los derechos humanos. En Panamá, el enfrentamiento entre el presidente y el vicepresidente es causa de incertidumbre. En El Salvador, el presidente Mauricio Funes, de alta popularidad en el pasado reciente, empieza a sentir desafecto por el desborde de la criminalidad. Hasta Costa Rica enfrenta hoy problemas de gobernabilidad, como consecuencia de la debilidad de la presidente Laura Chinchilla frente al Congreso.
Los inversionistas colombianos seguramente ya habrán percibido estas tendencias. El reto es hacer un seguimiento cuidadoso al eventual riesgo que implica cada país.
*Director Cepec, Universidad del Rosario.