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Al Sur, ¿el halcón Obama?

06 de marzo de 2009 - 09:11 p. m.

LO DIJO GERMÁN VARGAS LLERAS con todas sus letras: si él fuera presidente, no dudaría un segundo en incursionar de nuevo en territorio extranjero para perseguir o liquidar terroristas, al estilo del operativo que acabó con la vida de Raúl Reyes. Juan Manuel Santos piensa lo mismo, al igual que su jefe y comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

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Pero el primer mandatario no puede avalar en público esa doctrina tan aplaudida por el ex presidente George W. Bush, porque armaría un lío diplomático descomunal. ¿Barack Obama estaría dispuesto a apoyar una nueva aventura militar colombiana en territorio vecino, de la misma manera como su antecesor permitió que el gobierno de Uribe, de la mano de la inteligencia y tecnología estadounidenses (además del visto bueno del Pentágono) llevara a cabo el fulminante ataque contra un campamento de las Farc localizado en las selvas de Ecuador?

La justificación de una nueva arremetida de nuestro Ejército en suelo ajeno, es en verdad preocupante: si hay subversivos en países con los que compartimos frontera, quiere decir que esos gobiernos están acogiendo sediciosos y, por lo tanto, incumpliendo los acuerdos del Grupo de Río. La pregunta de fondo es aún más inquietante: ¿hay en desarrollo planes para un nuevo golpe a la guerrilla en el vecindario?

Ya es lugar común decir que en la nueva administración demócrata, no habrá tiempo ni ganas para mirar hacia el sur. Creo todo lo contrario: Brasil, México, Cuba y Colombia, cada uno con sus propios dramas, serán el centro de atención de la Casa Blanca en esta parte del continente. Brasil es economía emergente, dueña de sustanciosas reservas petroleras, con un vigoroso desarrollo de combustibles alternativos y con una inocultable sed de liderazgo regional que llama la atención al Tío Sam, sobre todo después de la atornillada de Hugo Chávez en el poder. México, con su lío migratorio pendiente de negociar con los gringos, es la prueba más fehaciente, triste y sangrienta de la guerra perdida contra el narcotráfico. El bloqueo a Cuba ha logrado poner de acuerdo a tirios y troyanos: no sirvió para derrocar a Fidel o, por lo menos, para presionarlo a que siguiera un modelo de democracia liberal. Por lo tanto, ha llegado la hora de negociar, para escándalo de la vieja guardia del exilio cubano, que utilizará todo lo que esté a su alcance para seguir manteniendo un estado de cosas que ya no comparten en Washington.

Y Colombia: única nación con un secular conflicto armado, que se ha convertido en serio factor de perturbación regional. Si la inteligencia colombiana (en asocio con la norteamericana) logra ubicar peces gordos de la guerrilla en Venezuela, Ecuador o Bolivia, y si la idea de Uribe, o de su sucesor, es disparar primero y pedir disculpas después, bajo la filosofía del costo-beneficio, es decir, grave crisis regional con posible conato de conflicto bélico, pero debilitamiento sustancial de las Farc, Obama tendrá que mirar al sur con ojos de halcón, los mismos que le sirven para defender, a capa y espada, las acciones de Israel en su vecindario.

Con el fin último de golpear el corazón de la guerrilla, y de mantener a toda costa a un gobierno amigo, en medio de una zona hostil, ¿el mandatario estadounidense correría el albur de medírsele a una aguda crisis regional, en aras de apoyar la supuesta derrota estratégica del último enclave de insurgencia armada en América Latina?

Claro que podría uno hilar más delgado: que las controvertidas y supuestamente inconsultas declaraciones de Juan Manuel Santos, hayan sido un globo de ensayo que la misma Casa Blanca, sin alharaca, se encargó de desinflar. Esa sería una buena noticia para la paz.

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