El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Del garrote a los acuerdos

21 de noviembre de 2008 - 08:12 p. m.

En Venezuela, en Bolivia, en Nicaragua, la izquierda y la derecha no conviven: se dan garrote, porque la consigna es aplastar al enemigo, o tumbarlo, por las buenas (absurdo) o por las malas (lo deseable). Hay para todos los gustos: desde artimañas golpistas (la diestra) hasta tácticas de intimidación, en todos los tonos (la zurda).

PUBLICIDAD

Este domingo, en la República Bolivariana se celebran unas elecciones cruciales, porque veremos cuánto habrán madurado los dos sectores, que en estos diez años se han enfrentado, literalmente, a muerte. Se abre, por lo tanto,  una nueva oportunidad para que la oposición democrática, civilista, alejada  de la conspiración, tenga otro repunte importante que equilibre las cargas.  Para que haya pesos y contrapesos. Para que quepa todo el mundo bajo un gran alero de voluntades con el propósito firme de pasar de la adolescencia democrática a la adultez republicana. 

Human Rights Watch, en su informe sobre Venezuela, lo dijo bien claro: en ese país hay una democracia vibrante, pero con serios signos de intolerancia  y exclusión. Es decir, Chávez no es el gorila sanguinario, el sátrapa tropical que ha querido pintar la oposición más hirsuta, pero en la tierra del socialismo del siglo XXI hay violaciones a los derechos humanos y organismos de control politizados, que le tuercen el pescuezo a la ley para perseguir y hostigar a los disidentes.  Además, la corrupción sigue carcomiendo al Estado.

A pesar de todos los obstáculos,  hay democracia; mañana actuará en todo el país, con más de cien observadores internacionales de los cinco continentes y, lo más importantes, con una enorme variedad de candidatos y partidos, disidentes del chavismo, oficialistas y opositores de todos los matices. Como ya es habitual en él, el caudillo se ha deslenguado y ha amenazado con sacar los tanques si gana más de la cuenta la “contrarrevolución”, los “cachorros del imperio”.

Con un avance vigoroso de sus “enemigos”, Chavez tendrá que controlarse más y respetar los cauces institucionales. Rendir cuentas y dejar de manejar el presupuesto como plata de bolsillo “de la revolución continental bolivariana”. Bajar ese tono de capataz, que se pasa por la faja partidos, congreso y gabinete de ministros.

Por el otro lado de la moneda, hay  gran incertidumbre: ¿cuáles son los planes reales del antichavismo? ¿Hacer tabla rasa de estos diez años, como si todas las elecciones y referendos ganados por Chávez  hubieran sido un colosal fraude y, por consiguiente, ilegítimos? ¿Buscar borrar al chavismo del mapa y desmontar todo lo construido en una década?

Tendrán que aceptar que la historia cambió, que el país no es el mismo de los tiempos  “gloriosos” en los que adecos y copeyanos se repartían a dentelladas el poder. Ese sapo, sin duda, no se lo han podido tragar, a pesar de que la derrota en las urnas fue contundente. Sin embargo,  un avance importante de la variopinta oposición, abriría una nueva etapa: aceptar de una vez por todas que la democracia en Venezuela existe y es legítima, y que es necesario aprender a convivir con el adversario, dentro de las reglas del juego establecidas por la Constitución Nacional, aprobada por un congreso soberano y refrendada en elecciones limpias.

Al mismo tiempo, ¿aceptaría Chávez a miembros de la oposición en su gabinete? ¿Se podría llegar a tener unos organismos de control en los que los antichavistas ejerzan una mayor influencia? Este domingo sabremos si  arranca una nueva era de esperanza o, por el contrario, empieza un nuevo ciclo de enfrentamientos callejeros, amenazas mutuas y violencia.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias