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La magia del oportunismo

03 de junio de 2016 - 09:57 p. m.

MIAMI.- De repente, de la noche a la mañana, los magos del oportunismo sacaron de la manga lo impensable: apoyar a su impresentable archienemigo por razones de conveniencia política.

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El bufón ahora resulta tener contextura de estadista. Meses antes, no era así. Se trataba de un personaje con una incontinencia verbal incurable, que había prendido todas las alarmas por sus frases destempladas, sus ligerezas y profundas incoherencias. Hace apenas unos días ya dijo que nunca había propuesto que Japón tuviera su propio arsenal nuclear. Por supuesto que todos los noticieros de televisión, más millones de trinos, le recordaron que sí, que lo había dicho más de una ocasión, a grito herido, o con ínfulas de presidente.

Ahora aterriza de barriga en el campo minado de Donald Trump el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, quien, en 2012, fuera formula vicepresidencial de Mitt Romney. Hace unas semanas había dicho, en una explosiva entrevista, que no estaba listo para apoyarlo y meses atrás expresó, con visible molestia, que su ahora candidato favorito no representaba lo más sensible de los “valores americanos”.

Incluso, adornó su adhesión con frases inverosímiles: “Donald Trump y yo hablamos a profundidad sobre cosas como el papel del Ejecutivo”; “discutimos cómo la Cámara puede jalonar ideas de políticas públicas”; “hablamos de lo importante de las reformas para salvar nuestro país”; de cómo, al centrarnos en temas que unen a los republicanos, podemos trabajar unidos para restañar las fisuras generadas durante las primarias”.

¿Qué se fumó Ryan que vio en Trump la figura de Churchill? La única evidencia que hay hasta el momento es que en lo nacional e internacional, el ahora iluminado virtual candidato del Partido Republicano es un costal de lugares comunes, una interminable cadena de insultos y frases altisonantes. En un editorial del pasado miércoles, el prestigioso e influyente Wall Street Journal volvió a recordar un par de detallitos nada despreciables del flamante (o mejor, inflamable) personaje: “El señor Trump aún enfrenta un camino difícil a la victoria dado sus terribles índices de aprobación entre las mujeres y en especial las minorías”. Y el artículo remata casi con descabelle: “El señor Trump necesita convencer a millones de votantes escépticos que él es más que un impulsivo matón que representa un riesgo demasiado grande en la Oficina Oval”.

La alquimia del oportunismo corroe. Al que una vez llamaran el “Kennedy” de los republicanos, el senador cubanoamericano –aún con cara de primíparo- Marco Rubio, también se unió al supuesto tren del triunfo electoral. Acaso haya sido el candidato republicano, en las primarias, que con más virulencia (e incluso vulgaridad) atacó al hoy ya inatajable orate. Lo calificó de fraude, de impostor, de engaño, de peligro público. En un golpe bajo, literalmente, sugirió que la “virilidad” del magnate era proporcional al tamaño de sus manos diminutas. Momento glorioso e histórico de la política estadounidense, pero lo fue más cuando el mismo negociante de Nueva York declaró, en un debate, que su esposa podía dar fe de lo bien dotado que estaba su hombre.

Para Rubio este sujeto, con quien tiene “evidentes diferencias políticas”, será el paladín de las propuestas republicanas y por eso votará con entusiasmo por él. Y Sheldon Adelson, el famoso magnate de Las Vegas, ya dijo que le abría su chequera, esa sí multimillonaria, al extravagante personaje. Sobra decir que Adelson –que no suele ser muy acertado en política- fue otro que no se tragaba al virtual candidato oficial republicano, pero al parecer resolvió taparse la nariz y soltar el billete.

¿Qué lectura le da a todas estas maromas circenses el electorado republicano e independiente? Pues la candidatura de Hillary Clinton es tan débil, y llena de amenazas, que está en empate técnico con Trump. Y al mismo tiempo crece la figura de Bernie Sanders, quien podría (ya lo dicen con más insistencia) ser un profundo dolor de cabeza en el desarrollo de la convención del Partido Demócrata e incluso arrebatarle la candidatura a la exsecretaria de Estado. Hay, en serio, mucho nerviosismo.

@sergiootalora
 

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