En las últimas semanas se difundieron cuatro historias de adaptación criminal. En ellas matones asalariados, líderes guerrilleros, narcotraficantes de talla mayor y cabecillas paramilitares se acomodaron a diversas situaciones. Se ajustaron a nuevas reglamentaciones y circunstancias nacionales o internacionales. Sobrevivieron.
En Valledupar, con el propósito de frenar la reciente oleada de homicidios, se prohibió la circulación de parrilleros hombres mayores de 14 años. La medida, que ni siquiera tuvo tiempo de entrar completamente en vigencia, fue esquivada por el sicariato organizado que inmediatamente implementó la contratación de mujeres. La primera capturada, de 16 años, participó en un atentado el pasado fin de semana.
Del otro extremo del país, en Pereira, fue capturada hace un mes Jhasmit Vélez, alias “felino”. Las autoridades comprobaron que se trataba de la modelo que usa las Farc en propaganda visual y que esta hace parte de una estrategia de mercadeo más amplia para lidiar con la animadversión hacia la guerrilla. Merengues revolucionarios y documentales románticos fueron financiados buscando adaptarse al hastío interno y pescar adeptos foráneos.
A orillas del Pacífico se dio un proceso más complejo. Casi 18 años después del hallazgo del primer semisumergible usado por traficantes para sacar coca se incautó, por primera vez en Colombia, un sumergible. Para su aprendizaje tecnológico y evolución en ingeniería naval de corte artesanal, el narcotráfico se valió, además, del Estado: técnicos graduados de la filial del Sena en Buenaventura son los artífices de la innovación.
Finalmente, otro que usó la infraestructura estatal para lidiar con nuevas políticas gubernamentales fue alias “Jorge 40”. Terrateniente y adversario feroz de las labores del Instituto de la Reforma Agraria, acabó comprando funcionarios de esta agencia oficial para arrebatarles legalmente tierras a campesinos y así revertir la redistribución.
No se trató, en ningún caso, de tretas de adaptación planeadas ni ordenadas. Tras cada reacción con seguridad hubo más errores que ensayos. Pero si se hace el ejercicio de agruparlas, cada cuanto, lo que estas historias muestran es candidez e ineficiencia de muchas políticas públicas, la fragilidad de algunas instituciones y la trágica inutilidad de ciertas guerras.