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Don Beto, Don Chucho, Don Julio…

12 de enero de 2011 - 10:00 p. m.

CIRCULA POR ESTOS DÍAS UN VIDEO de entrevistas a miembros del llamado «Movimiento Machista Nacional».

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En él aparecen las opiniones de un grupo de ganaderos que consideran a las mujeres inferiores y que —además de equipararlas con mulas o yeguas— promueven la discriminación, el maltrato intrafamiliar y la profunda desconfianza en el género femenino.

El director de tal ideología, Alberto Barreto, filósofo de la Universidad de la Salle y delincuente confeso (ha aseverado golpear sistemáticamente a sus parejas), no ha logrado cristalizar sus aspiraciones políticas y más que un movimiento puede decirse que regenta una tertulia de amigos. Sin embargo, periodistas de todo el país han rastreado entre sus fincas al hacendado machuno y, ante su buena disposición para dar extensas declaraciones, lo han bombardeado con preguntas, burlas o ataques directos, calificándolo de exótico, jocoso e irritante.

Mal hacen los medios en abrirle los micrófonos a un ciudadano para que confiese crímenes y a la vez se ufane de cometerlos en la total impunidad (“toca saberlas golpear para que no les quede huella”). Inocuo resulta además mostrar los comportamientos sexistas como algo extravagante, raro o chistoso.

No hay que ir hasta el Llano para escuchar que las mujeres tenemos tendencia a ser tramposas, “vagabundas”, brutas y estamos interesadas en quedarnos con la plata de los varones, basta con abrir el periódico, prender la televisión o sintonizar la radio.

Es bastante común ver que presentadores de la televisión matutina, escudados en la religión, emiten misóginos juicios de valor. Que psicólogas de las buenas maneras imparten cátedra de familia con prejuicios machistas. O que reconocidos locutores, haciendo gala de su condición de viejos verdes, tratan a sus colegas con infinito e irrespetuoso morbo.

Y es que cómo olvidar, ya en lo trágico, el tendencioso cubrimiento de los mal llamados crímenes pasionales. “¿Clarena Acosta le fue infiel?”, le seguía preguntando El Tiempo, en entrevista de hace un mes, al condenado Samuel Viñas.

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