“Ecos que se expanden más allá de las paredes. Una fecha se enmarca en la historia de una nación. Dos de Marzo, el Teatro Real de Madrid será el epicentro de ideas, de enfoques. De miles de vidas que gritarán con todo el sentimiento: ¡la paz!”.
Así se anunció el gran foro por la paz en el que hicieron presencia el presidente Santos, Sánchez Cristo y el Rey. Lo cierto es que hubo poco debate: César Gaviria habló de transición, María Paz Gaviria de arte (“la propuesta que se muestra en Arco revela la riqueza y complejidad de la realidad colombiana; eso por supuesto incluye el conflicto armado). Santos departió con empresarios (“no es cierto que estamos negociando las políticas económicas, las políticas de desarrollo, las políticas de inversión, las políticas tributarias”).
En este contexto, el presidente de Gas Natural Fenosa (multinacional española dueña de Electricaribe) dijo tener esperanzas pues, una vez firmada la paz, habrá menos pobreza y muchos barrios podrán comenzar a pagar sus facturas de servicios públicos. Así, según su análisis, la empresa tendría unos ingresos que le permitirían invertir en lo social.
Pastrana no fue a Madrid pero también habló de paz en Bogotá. En el marco de la conformación de una (¡otra!) Comisión, el expresidente declaró: “Yo he sido un hombre de paz”. También recalcó que la nueva Comisión Asesora de Paz, constituida por personajes ajenos al Gobierno como Marta Lucía Ramírez y Clara López, tratará de buscar “la mejor paz entre todos los colombianos”. Y concluyó solemnemente: “La paz no es de Pastrana ni de Santos, ni liberal ni conservadora, ni de la U ni de Cambio ni del Centro Democrático. La paz es de todos los colombianos, la paz no tiene color ni tiene partido. Y en eso debemos trabajar todos de la mano”.
A Madrid tampoco fue Mockus, quien se quedó en Colombia organizando la marcha del ocho de marzo. Para contestar a las arremetidas del Centro Democrático, que lo acusaba de jugar pelota con el gobierno Santos, el exalcalde dijo ante distintos medios que la marcha buscaba “únicamente defender la vida”. Finalmente el día del evento, Mockus refirmó delante de los manifestantes: “La vida no es conservadora ni liberal ni comunista. La vida es de todos, es sagrada, ¡Viva la vida!”.
Una, dos y tres declaraciones, hechas desde espacios distintos. La primera desde un gran encuentro político, artístico y económico, la segunda desde una sede partidista en Bogotá y la tercera desde un centro de pensamiento y reflexión. Sorprende no el consenso entre todos (menos la ultra derecha), sino el hecho de que a este no se llegue desde cierta crítica o discusión. Nadie va a negar que “la vida es sagrada”. Pero siempre cabe la pregunta por ¿cuál vida es la sagrada? ¿La vida del que paga a tiempo sus recibos de la luz?
En decenas de barrios en Barranquilla y Sincelejo, Malambo y Montería, la frustración cotidiana de poblaciones con Electricaribe va mucho más allá de la electricidad o los ingresos de la empresa y es una búsqueda por la ciudad, que no es de todos ni es sagrada. Por el derecho a escoger entre distintas oportunidades, a tener acceso no sólo a la supervivencia física, sino a colegios, oficios, futuros, aires acondicionados, piscinas y todo lo demás que tienen los demás.