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La caída del hombre araña

03 de octubre de 2015 - 09:33 p. m.

Hace algunos días, El Tiempo afirmó que “detrás del accionar de los marañeros que trepan postes con el fin de manipular las redes eléctricas, hay un negocio millonario que no ha tenido correctivos”.

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Añadió que se han hecho 70 capturas en 2015 y que, de no ser por estos “fraudulentos hombres arañas” de los sures, la crisis de Electricaribe se solucionaría. Nada de lo informado es cierto. Como tampoco lo son las excusas fantásticas con las que la empresa esquiva denuncias. Se va la luz “por la dispersión geográfica de los clientes”, explicó el gerente general. Hay apagón “por ola de calor”, “ola de brisa”, “por la lluvia”, “la exuberancia de los árboles” y “la tendencia de los estratos bajos a inaugurar tiendas”. “Porque el 80 % de nuestros clientes pertenece a los estratos 1 y 2, en donde el nivel de pago es muy bajo”.

Las declaraciones de los mandatarios y aspirantes tampoco tienen sentido. Casi todos han prometido por años acabar la empresa. Un ejemplo de la dinámica tuvo lugar en Barranquilla tras un apagón en 2011. Eduardo Verano De la Rosa, entonces gobernador (hoy candidato) y Alejandro Char, entonces alcalde (hoy candidato) amenazaron a la empresa. Luego se echaron para atrás. Verano matizó: “la Empresa está atendiendo de manera muy responsable los problemas”. Electricaribe culpó a los arroyos que averiaron la infraestructura y Char atribuyó los arroyos a personas incultas que tiran basura a la calle “almohadas, sofás, neveras”.

El Gobierno contra Electricaribe; la lluvia contra la luz. Las declaraciones refuerzan la idea de estos enfrentamientos. El caso, sin embargo, no sólo une, como en un bordado, a unos y otros, sino que cuenta un relato sobre la ciudad y la mentada memoria del conflicto.

Promediando los 90 se vendió la empresa pública, pero la mayoría de usuarios (estratos 1 y 2) son subsidiados por el Estado. Así, pese al drama, Electricaribe vive del Estado y cuando todo sale mal, el Estado puede culpar a Electricaribe. Que no son cientos de españoles, sino un puñado de exfuncionarios de las antiguas empresas públicas. Pero sólo altos exfuncionarios, porque los sindicalizados guardaron silencios apretados en el caribe paramilitarizado de entonces. Para todo lo demás se subcontrata.

El hombre araña de los sures está jalando una línea que la empresa eventualmente cobrará al Estado, pues hace mensualmente un estimado del consumo de cada barrio sin redes, barrio nuevo o subnormal, fundado al borde barranquillero o en Soledad, muy probablemente por familias que llegaron huyendo de masacres paramilitares alrededor (Barranquilla, al sur, recibió 45.334 personas entre el 98 y el 2007, Soledad, 27.885 en el mismo período).

Mientras las bonanzas al norte construyeron rascacielos y tapizaron de cemento la arenosa que dejó de absorber lluvia, en el sur y en Soledad bregaron por extender redes con la ciudad. Esta ciudad, no la del DANE, sino la grande, que incluye en su cotidianidad a Soledad y Malambo, cambió. Los arroyos arreciaron. La infraestructura frágil y sin mantenimiento fue cada vez más temblorosa y porosa a la lluvia. En los barrios de los hombres araña, que son también los de las casas de Vargas Lleras (todos abrazan la ciudad), los aguaceros cortan la energía: sin energía no hay motobombas, sin motobombas no bombea agua potable. Pero si hay multas millonarias por fraude, se vive engordando deuda con Electricaribe (y en prensa local de los últimos ocho años, se han registrado 529 electrocuciones).

El pasado se borra cuando no hay un reconocimiento público, una discusión sobre las consecuencias de la violencia en la vida cotidiana de los que sobrevivieron a masacres y desplazamientos y hoy continúan luchando en la ciudad.

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