CUANDO LA TENACIDAD DE LAS personas mueve los pesados engranajes de las instituciones hay que celebrar. Celebrar para esparcir la tenacidad, celebrar para derribar los mitos de inevitabilidad de la injusticia.
Hace algunos días los colombianos escuchamos una historia que amerita mención. La Señora LAIS (seudónimo asignado por la Corte) trabajaba como prostituta en un bar/discoteca bogotano, desde febrero de 2008. Cumplía un horario fijo de 3 de la tarde a 3 de la mañana, recibía órdenes directas del dueño del bar, limpiaba pisos, servía mesas y contaba con descanso dominical cada 15 días. Después de un año de trabajo, y tras informar al jefe de su embarazo, fue despedida.
La mujer, de 24 años, madre soltera de un niño de 2 años y embarazada de mellizos, volvió a su pieza del barrio Jerusalén, desempleada y preocupada. Tenía todo en su contra: No había firmado contrato, estaba embarazada y era prostituta. En vez de perder la tranquilidad se dirigió al Ministerio de Protección Social, donde le sugirieron enviar una carta al empleador solicitando se informara de las causas de su despido. Como no obtuvo resultados se dirigió a la Defensoría del Pueblo, cuya gestión tampoco tuvo efecto.
Emprendió entonces una acción de tutela. En primera instancia el juez negó la solicitud aduciendo que la “prostitución es contraria a las buenas costumbres, razón que impide su protección por parte de este despacho”. La paciente señora LAIS impugnó, pero en segunda instancia el juez confirmó los argumentos de su antecesor. Perseveró en sus peticiones y el caso llegó a la Corte Constitucional, que en su sentencia T-629 ordenó al bar discoteca indemnizarla y pagarle las 12 semanas de salario por la licencia de maternidad.
Desafiando todos los pronósticos logró que se reconocieran sus derechos al trabajo, a la igualdad y a la seguridad. Y abrió la puerta al reconocimiento de los derechos laborales de los miles de trabajadores sexuales en el país.
Quisiera saber su verdadero nombre para brindar por ella. ¡Salud!