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Lo que nos cuentan los cables

13 de mayo de 2018 - 02:10 a. m.

En semanas de campaña y balances sobre el pasado reciente, vale la pena interpelar a las infraestructuras. Postes, tubos, represas, vías, puentes: la infraestructura establece relaciones entre nosotros y la naturaleza. Entre barrios y municipios, entre el campo y la ciudad. La infraestructura conecta y desconecta y va evolucionando con las sociedades. No es neutral ya que las diferencias y la desigualdad entre grupos sociales se hacen visibles y se reproducen a través de disposiciones materiales. Como tal, contribuye a la configuración de las identidades de algunos barrios y comunidades. Se canalizan, por ejemplo, los arroyos de Barranquilla. Se dejan abiertos y sembrados con basura los arroyos de Soledad o Malambo, áreas metropolitanas que rodean y construyen a Barranquilla en el diario vivir. Áreas en las que viven las empleadas que alimentan y cuidan a los niños barranquilleros, los jardineros, obreros, celadores. Así, las relaciones de poder se reflejan y refuerzan a través de la gestión cotidiana de la infraestructura de drenaje de los Char.

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La infraestructura encarna relaciones de poder y también contribuye a cambiar las relaciones entre las comunidades y el Estado. Tiene alcance político, ya que el Estado, que tiene poco contacto material (y mucho contacto militar) con algunas regiones, extiende su presencia una vez que activa alguna iniciativa de infraestructura. Las familias que recibieron casas de la mano de Vargas Lleras no sólo quedan agradecidas con él. También, siendo propietarios por primera vez, tendrán que comenzar a pagar impuestos al Estado (así no tengan con qué). Durante décadas gobiernos consecutivos consolidaron un paisaje hidroeléctrico causando una serie de transformaciones ambientales (en generación de energía, relocalización de poblaciones y de aguas). En un contexto de desconfianza histórica hacia el Estado, algunos municipios y grupos se vieron beneficiados, mientras que otros reafirmaron sus peores aprensiones. En el Cauca, en donde muchos proyectos estatales (y paraestatales) recientes estuvieron en parte basados en el racismo estructural, cualquier infraestructura hidroeléctrica encarna legados pasados de colonización interna de tierras indígenas y negras.

¿Y qué sucede cuando una comunidad no está convencida de desempeñar los roles que le propone la infraestructura? Habitantes de distintos barrios del país más urbano han demostrado cómo en situaciones de desigualdad económica y desconfianza en las instituciones es posible socavar los altos precios de la luz o el agua, desafiando las facturas ante la Superintendencia o mediante intervenciones para distorsionar los medidores. En este sentido, la infraestructura no sólo produce poder estatal, sino que también puede limitarlo: las personas manipulan la infraestructura para desestabilizarla.

La infraestructura en general es frágil, inestable y se viene abajo. Siempre está en constante deterioro. Ceden los materiales ante corrientes de agua, se pudren u oxidan sus cables, la mastican los pájaros, la colonizan los insectos, la sacude la brisa. Sin embargo, hay algunas infraestructuras que, pésimamente construidas o mantenidas, son más propensas a fallar. Esto sucede con frecuencia en tramas de corrupción en la adjudicación de obras públicas (se tacañea en materiales, se improvisa). Pasa igualmente en barrios informales o de bajos ingresos en que la comunidad construye sus propios sistemas o en los que el Estado escatima en fondos y cuidado. Este es el caso de los barrios pobres del Caribe urbano y periurbano, donde comunidades viven a merced de la electricidad y de un sistema “subnormal” que hace que poblaciones que ya están en una posición difícil se vuelvan más vulnerables cada día que pasa.

En la Ensenada Juan 23 de Santa Marta falleció esta semana un niño de ocho años tras sufrir una descarga de un cable de alta tensión que estaba en el suelo. Como este, los casos de electrocuciones de esta década en la zona son cientos. La comunidad se tomó una vía para protestar contra Electricaribe, que como en otras ocasiones culpabilizó a los afectados. “Son redes artesanales y tienen estos riesgos”, dijo el representante de Electricaribe.

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