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Manizales, ¿abúlica?

09 de noviembre de 2011 - 06:00 p. m.

Tras la crisis por falta de agua potable y la avalancha sobre el barrio Cervantes, varios se han animado a escribir perfiles sobre los oriundos de Manizales.

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De “indolentes, vacíos por dentro, ridículamente resignados” los calificó Héctor Abad. Aura Mera, por su parte, redujo la ciudad a víctima de “una sobredosis de bótox”, “fría, yerta, masoquista, arrodillada, ciega”.

De acuerdo con estos columnistas, los manizaleños han aceptado, durante decenios, el gamonalismo y el clientelismo. Por ello, reaccionaron con apatía frente a los problemas que afrontaron el último mes y escogieron a un alcalde de la misma “mafia corrupta”.

Tales afirmaciones son imprecisas. Es falso, por ejemplo, que la ciudadanía haya permanecido “arrodillada” durante un siglo. Se borran ahí, en la rápida generalización, ejemplares esfuerzos de resistencia: el trabajo de oposición de movimientos como Acción Cafetera y el MOIR, que desde los noventa confrontaron la maquinaria bipartidista barco-yepista; las labores de la Corporación Cívica de Caldas que nació, justamente, como reacción de la ciudadanía frente a la corrupción; las ejemplares denuncias del periódico La Patria, y la lucha, a muerte, de Orlando Sierra, que en su columna ‘Punto de encuentro’ desenmascaró los delitos de la clase política (hasta que fue asesinado en 2002).

Es falso, también, que los manizaleños hayan permanecido quietos durante el último mes. Además de algunos bloqueos y dispersas expresiones de ira popular, los habitantes de varios barrios resolvieron dilemas de acción colectiva e incluso pusieron en marcha un acueducto artesanal. Y si bien es cierto que ganó el candidato del partido del actual alcalde, no lo es menos que el otro político con opciones era el representante de la facción yepista, que es, de cualquier manera, el ala más tradicional.

Ridiculizar una población con imprecisiones y lugares comunes es fácil. Queda el lector con la idea de que los que ahí habitan se merecen su suerte. Y el que gana, en últimas, es el Estado central, que hasta ahora lo que repite es que los habitantes del barrio Cervantes debieron evacuar antes.

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