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No todo lo que brilla es oro

20 de octubre de 2010 - 09:58 p. m.

EL PERÚ ES UN PAÍS MINERO. LOS proyectos de inversión extranjera en minería no paran de crecer. El preciado oro se vende a precios históricos. El PIB aumenta. Perú, gritan los entusiastas, es el próximo Chile.

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El gran poder que emana de semejante capital económico lo ostentan grandes empresarios, agrupados en la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo. Es tal su importancia y capacidad para desestabilizar gobiernos, que la misma organización tiene injerencia sobre los impuestos que le son cobrados. Además, escoge cuándo acatar regulaciones ambientales o laborales. Sus miembros han preferido comprar seguridad, propiciando el florecimiento de enormes empresas de seguridad privada que cuidan minas, “supervisan” huelgas y detentan un pie de fuerza superior al del Estado peruano.

A diferencia de la antigua minería, en la que campesinos vecinos trabajaban estacionariamente en los tajos abiertos con el fin de hacerse a un dinero extra, la nueva minería peruana no necesita de mano de obra municipal. Los técnicos vienen de afuera, junto con los materiales y las directivas. Incluso la comida. A cambio, dejan pasivos ambientales e inflaciones locales. La mina —que chupa agua y consume tierra— ha dado al traste con las agriculturas locales.

Entre tanto, partidos y políticos supeditados al poder minero reciben amplias dádivas al tiempo que pierden cualquier capacidad de representación. En otro plano, el 78% de los trabajadores mineros, según una encuesta reciente realizada por la Pontificia Universidad Católica, dice no tener seguro alguno de salud. Se profundiza, pues, la brecha entre un país moderno y próspero y uno pobre, auténticamente deprimido. La violencia, por lo demás, persiste en las regiones que devastó durante los ochenta. Ayacucho y Cuzco no participan del entusiasmo que se tomó a la nación. El Estado, a todas estas, come callado.

En Colombia queremos consolidarnos como un país minero. Con fuertes instituciones locales, excelentes parlamentarios, rigurosa legislación laboral, sólido Ministerio del Medio Ambiente y unas élites locales reticentes a contratar seguridad privada, estamos, seguramente, en la víspera de tiempos mucho mejores.

acevedo.tatiana@gmail.com

 

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