Corría la década del treinta y los medios de la capital celebraban la apertura de la carretera a Puerto Carreño publicando extensas descripciones del “llano”, imaginado como la tierra fascinante y desperdiciada, pero peligrosa e infernal, que había descrito años antes el angustiado Arturo Cova.
“Entre el joropo, los corridos, el tanteo de ganado bravo y el desafío continuo a todos los peligros, pasan la vida, larga y violenta pero alegre, aquellos centauros de la pampa limítrofe”, afirmó la portada de una revista dominical.
Una idea similar, del llano como territorio inagotable, desaprovechado, impresionante y, a la vez, difícil y con una historia turbia, persiste hoy en descripciones análogas, desde el centro. Por ello, mientras se habla de los departamentos de Arauca, Casanare, Vichada y Meta como nichos de minería, agroindustria y turismo “de aventura”, sus municipios aparecen en los noticieros como cuna de criminalidad (emergente y ancestral), inequidad, revueltas sindicales, mandatarios corruptos, narcos poderosos y desmovilizaciones ficticias.
Así, desde Bogotá es más cómodo concentrarse hoy en la mediocridad de la clase política y achacar los “obstáculos al progreso” a un grupo homogéneo de funcionarios ladrones. Se cree que con una reforma, que le arrebataría el manejo de “la mermelada” a esta empapelada nómina de funcionarios, este paraíso podría ser disfrutado y puesto a producir.
Entretanto, no se tiene claridad sobre el pasado reciente de esta región. Sobre aquellos factores institucionales que entorpecieron la descentralización, ni sobre las dos décadas en que Eln y paramilitares aterrorizaron a la población civil. Sobre la transformación de la tradición oral del llano que hoy habla menos de espantos con sombreros y más de espantos con motosierras. Sobre los orígenes del paramilitarismo en la región.
Ni siquiera, y pese a las decenas de testimonios al respecto, se tiene claridad judicial sobre la participación de esmeralderos en la conformación de ejércitos privados en el llano. Estarán esperando a que Carranza se muera de viejo.