El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Paralelos

19 de enero de 2011 - 11:38 p. m.

EN DÍAS PASADOS EL CONVICTO CÉsar Maldonado fue acusado, junto con varios compañeros, de gestionar sabrosas bacanales (chicas y estimulantes incluidos) en su lugar de reclusión. Como consecuencia inmediata de sus actos, los carceleros de la Base Militar de Tolemaida lo dejaron darse a la fuga.

PUBLICIDAD

Entre tanto, hace algunos meses la reclusa Carolina Díaz fue culpada de “besar a una compañera por amistad” en uno de los pasillos del Anexo para Mujeres de la Cárcel Distrital de Varones. Como secuela contigua a sus actos, los centinelas le impusieron 30 días de “aislamiento en calabozo”.

César pasó 24 horas libre, en Melgar, luego de lo cual fue recapturado tras habernos demostrado que, pese a estar condenado, hace lo que se le da la gana. Carolina pasó 30 días en una suerte de mazmorra, apartada por completo de cualquier contacto humano y con derecho a escasas dos horas diarias de sol.

Finalizado el castigo, Carolina interpuso una acción de tutela contra el director del centro penitencial que le fue negada por el Juez 27 Penal de Bogotá. Después de que le fuese remitida a la Corte Constitucional, una vez más le fue denegada. El Fallo T-622 no sólo desestima la denuncia sino que alega que “No es este el momento ni el ámbito para estudiar si la sanción impuesta y cumplida resultó rigurosa o si eventualmente fue producto de una carga subjetiva”.

Y entonces uno se pregunta: ¿si no es la Corte Constitucional, cuál es la instancia para reflexionar sobre la crudeza y el carácter prejuicioso de la sanción impuesta a Carolina? ¿Calabozos? ¿Aislamiento? ¿Privación de la luz y visitas? ¿Todo esto por un beso entre mujeres?

A diferencia de lo que opinan quienes emitieron el fallo, liderados por el magistrado Nilson Pinilla, creo que este es el momento y que cualquiera es el lugar para comenzar a hablar de un episodio tan homofóbico como inhumano.

En últimas, lo justo sería que mientras poderosos machos celebran orgías y toman whisky en donde sea que cumplan su pena, nos preguntemos, cuanto antes, por las condiciones de vida en los centros de reclusión de mujeres.

acevedo.tatiana@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias