A CENDY PAOLA, DE 14 AÑOS, LA ABOR-daron dos niños en la parada del bus para advertirle: “Mira, te mandan decir, que le digas a tu mamá, que se quede callada si quiere llegar a año nuevo”.
Ha pasado un año y desde entonces su madre, Íngrid Vergara, secretaria del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), en Sucre, ha recibido más amenazas. Con invitaciones electrónicas a su propio entierro y persecuciones callejeras en mazdas de vidrios polarizados, esos que llaman “fuerzas oscuras” han intentado amedrentarla para que abandone el departamento.
A lo largo de 2010 Íngrid, desde el Movice, documentó el despojo violento de tierras, las dificultades en los procesos de retorno y el desarrollo de proyectos agrarios que desconocen los derechos de las víctimas en la región. La compilación de estas denuncias y experiencias se presentarán mañana en la Primera Audiencia Pública Agraria, en la ciudad de Sincelejo. Fastidiadas con la realización del evento, una vez más las “fuerzas oscuras” le advirtieron a la activista: “No te metas con la tierra”.
Tal vez sea hora, entonces, de que las personas que se acostumbraron a pensar en Sucre como su propio paraíso feudal despierten y se acostumbren a que de ahora en adelante muchos se meterán con la tierra. Atrás quedaron los días en que se exterminaba uno a uno a los miembros de la Asociación de Usuarios Campesinos, sin que nadie pestañeara. Lejos estamos también de la época en que Álvaro García pudo planear una masacre por teléfono y creyó haberse salido con la suya. Medios de comunicación, políticos progresistas y asociaciones de la sociedad civil se encargaron de levantar el velo.
Ahora todos sabemos lo que ocurrió en Sucre. Si el Estado cree en el posconflicto y la posibilidad real de una ley de tierras, lo mínimo que puede hacer es indignarse con la idea de que todavía existen, sin nombres propios y en la impunidad, “fuerzas oscuras”. Esta no es la tonta guerra de las galaxias.