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Respirar en febrero

09 de febrero de 2020 - 12:00 a. m.

“No puede uno ni comer porque la fetidez del aroma nos ha provocado inapetencia, insomnio, agrieras, dolores de cabeza y mucho mal genio”. Esta fue la descripción de una de las asistentes a la protesta contra la contaminación que genera la Planta de Aguas Residuales Aguas Claras, en Bello. “El municipio se cansó de ser el patio trasero de Medellín”, decía una de las pancartas que se alzaron.

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Aunque lo respiramos, no siempre detectamos la polución en el aire de manera inmediata (como los manifestantes de Bello). Mientras estos protestaban, en Bogotá se decretaba la alerta amarilla en puntos específicos de Kennedy, Bosa, Fontibón, Puente Aranda y Ciudad Bolívar, debido a la baja calidad del aire de los últimos días. En este caso, la preocupación vino por los altos niveles de partículas finas, material articulado, en el aire. Esto, como consecuencia, entre otras cosas, de los incendios y sequías en lugares cercanos como la Orinoquia, la operación de industrias con combustibles en las mentadas localidades y las emisiones de camiones, buses y motocicletas.

Algo parecido sucedió en Medellín debido, en parte, a incendios en Porce. A pesar de que en Barranquilla se precian de no tener este problema, profesores han alertado sobre posibles graves imprecisiones de sus mediciones de calidad del aire, teniendo en cuenta que solo hay tres estaciones de monitoreo que no estarían siendo suficientes para el tamaño de la ciudad. De acuerdo con consensos médicos, las asociaciones causales más fuertes se observan entre la contaminación por material articulado y las enfermedades cardiovasculares y pulmonares. Se han establecido asociaciones causales con los infartos, la hipertensión, la insuficiencia cardíaca, las arritmias, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el cáncer de pulmón.

Ya no en las grandes ciudades, sino en pequeños municipios de Bolívar, Sucre y Córdoba hay registro de personas con más de 60 microgramos de mercurio por litro de sangre, cuando la máxima concentración antes de considerar que la persona está intoxicada es de cinco. De acuerdo con la investigación de Baudó Agencia Pública, pese a que La Mojana no es lugar de minería de oro, sus poblaciones (al ser ribereñas del Cauca y de un tramo del San Jorge) sienten con la corriente el efecto de las actividades en el Bajo Cauca: “Por las descargas de sustancias residuales empleadas en la extracción y decantación del metal dorado, entre ellas mercurio, plomo y arsénico”. Pescado y agua contaminada dejan una herencia de desórdenes neurológicos y de comportamiento que las EPS locales no tienen cómo tratar.

Más de 20.000 personas en Colombia mueren por causas relacionadas directamente con la contaminación del aire y el agua, según cifras del Instituto Nacional de Salud. Como en tantas partes, en Colombia han ido cambiando las fuentes y la naturaleza de lo que solemos llamar contaminación. Mientras en un pasado cercano la “suciedad” y sus peligros se asociaban casi de manera exclusiva con historias de contaminación del agua por carencias en el saneamiento básico o derrames de petróleo, ahora florecen también ansiedades en torno a la contaminación del aire por partículas finas, la del suelo y el agua con plomo, mercurio de la minería de oro y productos químicos sintéticos, como insecticidas y herbicidas. Estos últimos, nos cuentan varias investigaciones, son detectables en los cuerpos de los colombianos. Así mismo, estudios epidemiológicos internacionales en trabajadores agrícolas expuestos al glifosato y otros herbicidas han encontrado evidencia de una mayor incidencia de linfoma no Hodgkin en estas personas. Entre tanto, el gobierno Duque retomaría la aspersión aérea de cultivos ilícitos, según dijo el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, a finales de enero.

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