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Electorado estadounidense: todavía disponible

27 de enero de 2012 - 06:00 p. m.

En una encuesta de opinión del Post y ABC en Washington, cuyos resultados se dieron a conocer el viernes, se encontró que dos tercios de los estadounidenses considerarían votar por el candidato presidencial de un tercer partido político, mientras que 48 por ciento quiso, definitivamente, a un tercer partido en la contienda.

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Bien, ¿qué nos dice eso? Dice que con las campañas a punto de estar en pleno auge, que el presidente pronunciara el discurso sobre el Estado de la Unión el martes, los electores todavía andan buscando un dirigente con un mensaje ganador. Yo les puedo ahorrar a ambos partidos muchísimo dinero. Yo soy uno de esos electores, y les puedo decir exactamente por quién quiero votar, y no creo ser el único.

Quiero votar por un candidato que defienda una inversión inmediata en infraestructura que genere empleos y modernice a Estados Unidos para el siglo XXI –banda ancha superrápida, carreteras, aeropuertos, escuelas públicas, transporte masivo– y combine eso con un plan a largo plazo para arreglar nuestros desequilibrios fiscales a la escala real del problema, uno que se pueda introducir paulatinamente a medida que se recupera la economía.

En este último punto, hablo del plan bipartidista Bowles Simpson para la reducción del déficit –o algo igualmente serio y con posibilidades de contar con el apoyo bipartidista. El presidente Barack Obama propuso inversiones inteligentes en infraestructura, pero no las acompañó con un plan creíble, a largo plazo, para reducir el déficit, y la única posibilidad de que se aprueben en el Congreso es tener ambas cosas. Mitt Romney ni siquiera se acerca. Cristina Romer, la expresidenta del Consejo de Asesores Económicos de Obama, lo expresó mejor cuando dijo el 31 de diciembre que Estados Unidos “enfrenta dos problemas económicos de enormes proporciones: un déficit presupuestario a largo plazo e insostenible, y desempleo elevado y persistente. Se proyecta que en los próximos 20 a 30 años los costos de la atención de la salud en aumento y la jubilación de la generación de la posguerra causen déficits que harán que los actuales parezcan raquíticos. Al paso que vamos, lo más seguro es que Estados Unidos caiga en mora en su deuda algún día. Ya contamos con un anteproyecto de una solución bipartidista. La comisión Bowles Simpson resolvió sobre un plan sensible de reducciones al gasto, reformas al programa de derechos e incrementos en los ingresos con los cuales se eliminarían cuatro billones de dólares del déficit en la siguiente década. Se comparte el dolor de la necesaria reducción del déficit, mientras se protege a los más vulnerables y se mantienen las inversiones en nuestra futura productividad.

“Sin embargo, no podemos concentrarnos sólo en el déficit”, agregó Romer. “El desempleo persistente está destruyendo la vida y desperdiciando el talento de más de 13 millones de estadounidenses. Es probable que al acompañar un fuerte estímulo adicional con un plan para reducir el déficit, se compacte un empuje particularmente poderoso para la confianza y el gasto”.

Segundo, quiero votar por un candidato que esté comprometido a reformar los impuestos y reducir el gasto en forma justa. Los ricos deben pagar más, pero todos tienen que pagar algo. Estamos todos juntos en esto.

Tercero, quiero votar por un candidato que tenga una visión edificante, no sólo un plan para balancear el presupuesto. La gente se sacrificará para que este país vuelva a ser grandioso, si piensa que hay un plan real para el éxito estadounidense en el siglo XXI. Y ese plan es obvio.

Ya no estaremos a punto de lanzar una nave espacial a la luna. Necesitamos estar construyendo un país al que cualquiera en el mundo pueda venir a lanzar su propio cohete a la luna –su propia compañía, su propia empresa emergente– porque tenemos las mejores políticas migratorias, normativas, escuelas e incentivos. No podemos abrirnos camino a la prosperidad y los empleos con impuestos o reducciones. Tenemos que inventarlo. Necesitamos más “Hecho en Estados Unidos” e “Imaginado en Estados Unidos”.

Finalmente, quiero votar por un candidato que apoye un límite mínimo al financiamiento público de las campañas para presidente, senadores y representantes.
Hoy, el dinero en la política está fuera de control. Nuestro Congreso se ha convertido en un foro del soborno legalizado. Los estadounidenses están perdiendo la fe en los instrumentos de gobierno porque piensan que el juego está amañado por el gran capital, y tienen razón.

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Cualquier candidato con esa plataforma de cuatro puntos ganaría, al igual que el país, porque ganaría con un mandato para hacer lo que se necesita hacer.
“La gente está mucho más avanzada que los políticos”, dice Stan Greenberg, el encuestador demócrata. Sus encuestas, agrega, muestran que muchos estadounidenses hoy “piensan que China, Alemania y Brasil tienen estrategias para el éxito, y nosotros no. Sin embargo, buscan eso. Buscan un dirigente que realmente sea audaz”.
Meses de locos debates del Partido Republicano han inducido a la gente al error de pensar que el país está más dividido, tiene miras estrechas y no está dispuesto a sacrificarse para arreglar nuestros problemas, de lo que realmente está. Por eso es que apostaría cualquier cosa a que el primer candidato que se salga de la política caricaturesca de destrucción – “Romney es sólo un buitre capitalista. Obama es un socialista keniano” – y sorprende a la población siendo radicalmente responsable, radicalmente honesto, radicalmente demandante y radicalmente lleno de aspiraciones, siguiendo las líneas mencionadas antes, será nuestro próximo presidente.

Yo espero que sea Obama porque concuerdo con él en muchos otros temas. Sin embargo, si es Romney, merecería ganar. Y, si por algún milagro, ambos contienden con esa plataforma, y la contienda del 2012 se trata de dos visiones como esas en competencia, entonces hay que poner cada dólar ganado en la bolsa de valores estadounidense. Subirá chorrocientos puntos.

* Columnista de The New York Times.

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