Pacíficas señoras, soy un presidente y ando empeñado en lograr la paz de mi país, pero un expresidente y mi primo Pachito me hacen la guerra sin cuartel.
No obstante, aprovechando el espíritu de reconciliación de la Semana Santa me gustaría hacer las paces con ellos. ¿Qué dicen ustedes? ¿Los llamo y los invito al viacrucis? ¿O mejor a visitar monumentos?
Atentamente,
Futuro Nobel
Querido mandamás,
Por su letra notamos en usté una persona hábil pa las cartas. No le pare bolas a los expresidentes que todos son una recua de soperos y les encanta meter la cucharada y pontificar sobre los asuntos que no resolvieron cuando podían.
En cambio sí nos parece muy galleta la idea de reconciliarse con su primito (aunque no nos dice la edá, suponemos que se trata de un niño, por la forma tierna como lo trata: Pachito).
Haría muy bien si busca primero la armonía en su propia familia, que es lo que debemos hacer todos si queremos la hijuemadre paz. Es que si en la casa nos mantenemos agarraos como perros y gatos, qué esperanzas…
En estos días de recogimiento tome la iniciativa: llame a su primito y salgan al parque a chupar cono, cómprele algodón de azúcar, móntelo en los columpios, llévelo a Maloka o Divercity…Demuéstrele que él es una personita importante.
Si usté alguna vez se ofuscó y le dijo atembao, tuntuniento, zoquete, mequetrefe, turulato, mentecato, zascandil, petimetre, majadero, chisgarabís, zopenco, badulaque, caído del zarzo… pídale perdón y diga que la intención suya no era insultarlo sino aumentar su vocabulario.
Y también perdone al expresidente que no lo deja en paz… Se parece a uno que nosotras conocemos, muy católico, como se ufana a boca llena, que no volvió a misa con tal de no dar el saludo de la paz. Cuando el padre decía: “Podéis ir en paz”, él le contestaba: ¡Podéis es mucha gente! Qué berriondo, le tiene pánico al posconflito quizque porque desayuna y queda desprogramao.
Aproveche también la Semana Santa pa compartir con su primito las ceremonias religiosas: súbalo en hombros cuando pasen las procesiones, llévelo al sermón de las siete palabras y deje que se duerma en su regazo… Vean juntos El mártir del Calvario.
Estamos en temporada de perdón… Tola y yo, por ejemplo, le vamos a perdonar al alcalde de nuestra capital el aumento escandaloso del predial. Así es la vida: el que íbamos a recordar como el peor alcalde honrado, ahora lo recordaremos como el que nos valorizó las casas a la fuerza.
Insistimos, querido mandatario: antes que nada firme la paz con su familia. ¿Qué se suple con reconciliarse con un expresidente que el día de mañana, cuando usté también sea “descolado mueble viejo”, ni lo va a determinar? En cambio su primito seguirá siendo su primo per sécula…
Recuerde: la paz no necesita un presidente sino un líder. Dé ejemplo reconciliándose con su primito. Seguramente el pueblo quiere ver esa imagen: usté, sentado en el sofá familiar, rodeado de toda su parentela, con la cara sonriente por la tranquilidá que da perdonar y ser perdonado, y Pachito sentado en sus piernas, dormidito.
Tus tías que te quieren,
Tola y Maruja
Posdata: No descuide a su primito porque en las procesiones se pierden muchos niños y después resultan reclutados por la guerrilla o por la estrema derecha.