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Contestan Tola y Maruja

23 de octubre de 2015 - 11:01 p. m.

Apreciadas historiadoras,

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Soy una ciudadana que ya ejercí mi derecho al voto y el tamal me cayó al hígado. Un vecino me recetó un aguardiente doble, pero con esta ley seca… ¿Qué me recomiendan? ¿Debí votar por la lechona? ¿Es cierto que el partido Verde da ensalada? ¿De dónde viene la costumbre de comprar votos con tamales?

 

Atentamente,

Girlesa

 

Estimada trashumanta,

 

Por su letra vemos que el tamal tenía harto azafrán. Estuvimos averiguando la historia del tamal en la democracia colombiana y supimos que este delicioso envuelto acompaña las eleciones desde la Independencia.

Durante la Patria Boba la provincia de Cundinamarca trató de mantener la unidá del país con una receta nacional del tamal: masa de maíz, verduras, pollo y costillas de puerco, envuelto todo en hojas de biao amarradas con guascas y de forma retangular.

Pero la provincia del Gran Tolima se rebeló y determinaron echarle también tocino y amarrarlo en forma de talego, con cuerda de cabuya. El general Santander, prócer del tamal santanderiano cuadrado, mandó tropas a reprimir la rebelión y a destruir los tamales redondos.

Entonces las otras provincias se sumaron a la revuelta tolimense y los caucanos retaron al Gobierno central haciendo su tamal con pipián y maní. Y los costeños lo prepararon de masa de arroz con berenjena y, de pura pica, lo llamaron hallaca.

El Gobierno nacional vio la cosa peluda cuando los pastusos, siempre tan calmados, se rebotaron y decidieron echarle a su tamal queso rayado, güevos batidos y crispetas.

El sabio Humboldt estudió la hoja de biao y descubrió que suelta una sustancia, una especie de burundanga, que inhibe la voluntá del votante y lo lleva a elegir mal. De ahí la etimología de la palabra: ta mal lo que hiciste…

El tamal ingresó a la democracia cuando el voto se perratió, pues antes solamente podían votar los que supieran leer y escribir y tuvieran cierta renta, o sea los ricachones. Pero no faltó el metido demócrata que propuso el voto pa todos y ahí se jodió la democracia.

Cuando pudo votar el perro y el gato fue imposible comprarle el voto a todos con billuyo contante y sonante y entonces los políticos recordaron que al hombre se le conquista con el estómago.

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Pero como el pueblo es jodido y se hizo incontrolable la repartición de los tamales pues muchos votantes lograban repetir, entonces agregaron un condimento que delataba a leguas al cristiano que ya había comido tamal: el comino.

Nosotras hemos probado de todos los tamales en las votaciones capitalinas: desde el envuelto boyaco de Jaime Castro (con longaniza) hasta el pastel lituano de Mockus, que la presa era un girasol, pasando por el tamal de Samuel, que venía amarrao con un contrato.

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Algunos políticos han tratado de cambiar el menú y han probado repartir otros platos distintos al tamal, pero los eletores no son bobos y les esigen coherencia. La lechona ha perdido terreno por su presencia asustadora, que les anuncia a los candidatos cómo quedarán si pierden.

Pa terminar, querida desocupada, el tamal es el alimento más democrático pues les da agriera a todos. Además es fácil de servir por no necesitar plato y se puede consumir con la cédula.

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Tus tías que te quieren,

 

Tola y Maruja

Posdata: Esta mañana salimos decididas a votar por Peñalosa… pero nos fuimos en Trasmileño.

 

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