Apreciadas sobrevivientes,
Soy un expresidente colombiano al que le tocaron dos tragedias seguidas: el holocausto del Palacio de Justicia y la avalancha de Armero. Lo peor fue lo de la Corte Suprema porque mientras los magistrados eran rehenes de la guerrilla yo lo era del Ejército. Desde entonces mi conciencia es un sirirí y no me he matado porque Dalita no me deja. ¿Qué me aconsejan? ¿Sigo en mi silencio mudo? ¿Digo la verdad ahora que estoy vivo, aunque mi libro póstumo no se venda? ¿Estoy vivo?
Atentamente,
Bélico
Querido Belisaurio,
Por su letra vemos que todavía tiembla… Ay paisano, no nos arrecuerde el holocausto, cuando sufrimos juntos en la sala del consejo de ministros, donde éramos las señoras de los tintos gracias a que usté nos palanquió.
Nunca se nos borrará de la memoria ese 6 de noviembre cuando oímos los primeros disparos y dentramos asustadas a su despacho y usté nos tranquilizó : relájesen tías, debe ser la pólvora de diciembre…
Ya habían circulao rumores del plan que tenía el M-19 de tomarse el Palacio de Justicia pero usté no creyó, y por eso nos dijo, mientras se saboriaba un tinto en aguapanela: Calma señoras, en ese grupo está Petro, o sea que es más la bulla.
Nos parece estar escuchando los tacones de Noemí Sanín cuando llegó trotando: ¡Presidente, ponga el radio! Y usté lo puso, pero en música clásica. ¡Noticias, jiquerón!, gritó Noemí muy confianzuda. Espere yo pulo un verso, le dijo usté mojando la pluma en tinta.
En esas llegó como una tromba el general Vega Uribe y nos ordenó: ¡Contra la pared los civiles! Y al primero que requisó fue a usté, y usté presidente se puso pálido cuando el general lo esculcó y le encontró en el bolsillo algo sospechoso con forma de raíz: jengibre.
Después de esposarlo, el general le estaba pegando a usté cinta gruesa en la boca cuando sonó el teléfono. El general le indicó con la boca a Noemí que contestara. Es el presidente de la Corte, dijo Noemí, y quiere hablar con el presidente Betancur.
Usté miró petrificao al general (que lo fusiló con la mirada) y le dijo a Noemí: Didí…didígale al magistrado que estoy ocupado con un endecasílabo, que me deje la razón que yo lo llamo el lunes por la tarde si Dios quiere.
Entonces dentró Maruja toda agitada: ¡La radio y la televisión están trasmitiendo en direto, eso parece una película! El general fulminó a Noemí y le ordenó: Vaye coloque un partido de fúrbol, queliace que sea Millonarios-Unión Magdalena. Pero general, contestó muy angustiada Noemí, la gente prefiere un clásico Nacional-América.
Ya en ese momento los guerrilleros se sabían derrotaos y habían bajado sus esigencias de un juicio revolucionario al presidente a que al menos les dieran un programa en Canal Capital los sábados por la mañana.
Empezamos a sentir humo y Noemí nos mandó a prender barritas de incienso y usté le rogó al general que le diera permiso de ir a “miarbolito”. Cuando usté volvió del escusado, le preguntó a Noemí: ¿Cómo va todo, mijita? Y ella respondió: Uno-cero, gana Millos.
Lo que siguió no queremos recordarlo pero nos consta que a usté lo guarapió la pena moral y se le juntó con la tristeza de Armero y lo vimos dirigirse al país con el pellejo colgándole, acabado, más alicaído que Doña Gallina.
Después del holocausto usté se desapareció, pero hay testigos que aseguran que lo vieron salir vivo del gobierno. La gran enseñanza de esta tragedia, querido poeta, es que en ese momento usté debió renunciar, o tan siquiera pedir una licencia…poética.
Tus tías que te quieren,
Tola y Maruja
Posdata: Estamos güetes porque el alcalde Petro nos desinó oficialmente teloneras de los Rolin Estones.