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No nos consta

14 de febrero de 2009 - 06:00 a. m.

–Oítes Tola, mi Dios te pague por acompañarme a la calle del Cartucho a comprar esta mariguana.

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–Salgamos ligero de aquí Maruja, que onde nos agarre la policía no van a creer que es pal rematís… Y estamos muy cerquita de la Casa de Nari… ¡Qué tal que nos vea Uribe, que odia la mata que mata!

–¿Y Álvaro por qué aborrece “la mona”?

—Porque dicen que la maracachafa hace perder la memoria, y Uribe no quiere que lo olviden.

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—Ayudame a cargar… Cogé esa manija de la canasta.

—Se me hace que compraste demasiada… Qué mencos de moños.

—Me tengo que provisionar antes de que suba de precio por la prohibición.

—Allá vos Maruja, pero yo he tenido muy mala esperiencia con la marimba pa las cuyunturas… La primer vez la mezclé con alcohol y me eché en las rodillas y se me trabaron las piernas… Y dicen las benditas patas a caminar pa onde les daba la gana: paramos en un concierto de jévi metal en el parque Jaime Duque.

—Sería que se te fue la mano en la dosis.

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—La segunda vez, mi marido Ananías me pilló la botella entre el chifonier y se bogó el alcohol… ¡Qué traba se pegó! Lo tuvimos que llevar a urgencias y allá era cantando esa música rigué y diciéndole al médico: Entoes qué hermanolo, ¿vientos o maletas?

—Qué pena… Es que parece que comida traba más.

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—Pues claro, a mí me pasó.

—¡Tola por Dios!, ¿vos has comido mariguana?

—Pero sin culpa… Yo tenía un grupo de oración de la tercera edad que nos juntábamos en mi casa todos los sábados a rezar el Santo Rosario, y figurate que una vez mi nieto Juaquín Estiven nos repartió una torta que tenía mariguana, sin avisarnos… ¡Qué turra!, como dice él. Ese rosario se nos hizo eternooo… Y nos agarraban ataques de risa cuando llegábamos a “pésame señor”.

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—¿Y qué hicieron?

—Menos mal Estivencito cerró la puerta con llave, porque don Rogelio… ¿Te acordás de don Rogelio?

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—Claro, el jubilao del Ferrocarril de Antioquia, el que tiene marcapasos… ¿Cómo le sigue yendo a don Rogelio con ese marcapasos?

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—Se mantiene muy aburrido porque ese aparato se los cuenta en voz alta… Entonces don Rogelio, que era el más trabuleco porque por agalludo había repetido torta, resultó proponiendo que nos fuéramos pa la costa echando dedo.

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—Virgen Santa, ¿y cómo bajaron de esa traba?

—Yo acaté a prender el televisor y nos pusimos a ver el Consejo Comunal del Presidente… Santo remedio: nos aterrizó.

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–Ole Tola, ¿cómo es uno enmaracachafao?

–Horrible… Se le pone a uno la boca como una polvera. Y uno oye a las demás personas como por entre un tubo, como en estéreo. Y todo le parece muy charro, muy gracioso… Le parece a uno gracioso hasta Holguín Sarni.

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–¿Y es cierto Tola que cuando pasa la traba uno come más que una tarimada de bobos?

–Puu… Ese es el temor de Uribe, que los pobres fumen mariguana y se les abra más el apetito.

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–¿Y es verdá que pone los ojos rojos?

–¡Avi María!… Y como la marimba daña la memoria, uno no se acuerda dónde guardó el colirio.

–¿Y quizque envicia?

–Eso sí depende de la persona: yo conozco un jipi adulto mayor que lleva siglos bombiando esa yerba y no se ha enviciao.

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