— Oites Tola, te he marcado al cedular como una loca y no contestás.
— No me volvás a timbrar al cedular que todos están chuzados… Llamame al fijo.
— ¿Dónde andabas tan perdida, ole?
— Estaba en San Vitorino comprando el libro pirata que escribieron los tres gringos hablando pestes de la pobre Íngris.
— No fregués, ¿ya lo sacaron en español?
— Puu… Tradución de Clara Rojas y prólogo de Juan Carlos Leconte.
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— Mostrá a ver… Leeme algún pedazo bien cizañudo.
— Dale vos Maruja, que leés de corrido.
— Abro comillas: Los guerrilleros nos quitaron los radios, pero Íngrid logró encaletar su radiecito entre el brasier. Y como es tan egoísta, oye radio ella sola y nunca nos cuenta lo que oye. Y cuando le preguntamos qué están diciendo nos contesta que la hora.
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— Cuentan que Íngris era muy prepotente y que desigió que su cambuche se lo armaran en unidá cerrada y con citófono.
— Abro comillas: Esa flacuchenta les dijo a los guerrilleros que los gringos éramos de la CIA y que seguramente teníamos un chip entre el organismo…
— ¿Chí? ¿Qué es eso?
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— Es un transistor muy pirringo que le meten a la gente entre el cuerpo pa saber dónde están… Sigo leyendo: Entonces los guerrilleros nos hicieron empelotar y nos pegaron una esculcada tan minuciosa que uno de ellos me recomendó ir donde el médico que porque me había tocado muy grande la próstata.
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— También se comenta que Íngris se apoderaba del dicionario inglés-español y que no lo soltaba.
— Abro comillas: Hoy hubo un altercado porque nuestro carcelero Martín Sombra estaba preguntando por el diccionario para buscar una palabra que nosotros le decimos con frecuencia: Son of bad bitch… Menos mal Íngrid lo calmó diciéndole que Son of bad beach quería decir: Hijo de mala playa.
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— ¿Y qué dice ahí del romance de Íngris con el gringo?
— Abro comillas: Estuvimos hablando del libro que pensamos escribir entre los tres cuando nos suelten y llegamos a la conclusión de que libro sin sexo no se vende… Mark quedó encargado de enamorar a Íngrid.
— Estoy aterrada de estos gringos tan chismosos, tan demasiado cocineros.
— La falla fue de la misma Íngris que les enseñó español… Y nada peor que un chismoso bilingüe.
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— Yo no sé qué vamos a hacer querida con todos los ex secuestrados escribiendo libros… Ya Sigifredo amenazó que tiene tema pa cuatro.
— Los escritores colombianos andan muy celosos y están acusando a la guerrilla de atentar contra la literatura con tanto secuestro.
— No vamos muy lejos: El sindicalista sindicado de estar reunido con la guerrilla alega que él sí estaba secuestrado, que tan es así que vino con ganas de escribir un libro.
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— ¿Y vites Maruja las cavernas del Mono Jojoy?
— Con razón dicen que la guerrilla colombiana es cavernaria.
— A mí el que me dio pesar fue ese avestruz que la Policía decomisó porque lo tenían de mascota en una casa de Bogotá.
— Cómo estaría de amañado ese animalito en la Capital, con tanto güeco dónde meter la cabeza.