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No nos consta

30 de mayo de 2009 - 01:33 a. m.

— Oítes Tola, tengo un guayabo no haber podido ir a la cena que les brindó el presidente Uribe a los príncipes de España… ¿Cómo estuvo?

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— Mero lujo… Yo estaba que no me cambiaba por nadie en la misma mesa con los príncipes.

— ¿Y qué dieron de plato frío?

— Sancocho de gallina desplazada, sopa y seco a la oposición, puré de magistrao y Constitución desmechada… Y de postre, reeleción cuajada.

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— ¿Y de qué hablaron Uribe y el príncipe?

— Uribe le preguntó que cómo había hecho el taita de él pa volverse rey, que qué vueltas había hecho.

— ¿Y qué le contestó Felipe?

— Le dijo que eso era hereditario, que el papá del rey Juan Carlos también había sido rey… Y le preguntó a Uribe que qué había sido su papá y Álvaro contestó que caballista.

— Tan menso Uribe, en vez de decir que don Alberto era el Rey del chalaneo.

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— Entonces Uribe le preguntó que él por qué anda siempre con un familiar que no se le despega, y el príncipe le contestó que por si las moscas, que en caso de necesitar una trasfusión de sangre, que porque por aquí es muy complicao conseguir sangre azul.

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— ¿Y vos conversates con el príncipe?

— Pero solamente un ratico porque me cansé del cuello… Como es tan alto… ¡Qué vara de premio!

— ¿Y qué te contó el príncipe?

— Que estaba hasta la coronilla de tanto lagarto, que le recibió las llaves de la ciudad al alcalde Samuel por educación, que porque a él no le gusta recibir llaves porque tiene el palito pa envolatarlas.

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— ¿Y hablates con doña Letizia?

— Ella me llamó aparte toda preocupada y me preguntó que por qué por momentos Uribe se iba, como lelo, como zombi, y entonces yo le espliqué que Álvaro andaba en una “encrucijada del alma”, y ella dijo que eso parecía el título de una película de Jarri Poter.

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— ¿Y de qué más hablaron?

— El príncipe le preguntó a Uribe que si era verdá lo que decía Mancuso, que él y Álvaro fueron amigos personales.

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— Tan imprudente Felipe… ¿Y qué contestó Uribe?

— Menos mal Álvaro entró en trance y entonces doña Lina le dijo al príncipe: Discúlpelo Majestá, que le volvió a dar la encrucijada.

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— Ole Tola, ¿y cómo hicieron migas Uribe y el príncipe si son como el agua y el aceite? Uribe una mula pa trabajar, y Felipe que no le da un golpe a la tierra.

— Se entendieron porque resultaron familiares.

— ¿Familiares? ¿Quiénes? ¿Uribe y el príncipe? No fregués, contame una de vaqueros.

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— Oí patentico cuando Felipe le dijo a Uribe: Venga, tío.

 — ¡Dejá la bulla! ¿Álvaro tío del príncipe? ¿O sea que el rey se llama Juan Carlos Uribe? ¿O la Uribe es la reina? ¿O ella es Sofía Vélez?

— Y le siguió diciendo tío todo el rato: Vamos, tío. Hostias, tío. Joder, tío. Y me llamó la atención que los hijos de Uribe trataran con tanto respeto al primo Felipe… Le decían: Majestá. Nada de primito, ni Pipe.

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— Ve Tola, ¿y Álvaro por qué nunca nos ha contado que pertenece a la realeza?

— Seguramente por timidez… Esa debe ser la bendita pelea con su alma, la tal encrucijada.

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— Este mundo sí es un pañuelo, no friegue… Uribe de Borbón.

— Ahí viene el bus.

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