–Oítes Tola, ¿vites que las Far repitieron que no piensan dejar las armas?
–Es que no les estamos pidiendo que las dejen sino que no las usen.
–Bendito siá mi Dios… Quiere decir que tendremos guerrilla y Uribe pa rato.
–El yin y el yan.
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–Te digo enteramente querida que ya ni provoca hablar de la guerrilla.
–Hablemos de cosas más agradables, por ejemplo de Valencia Cossio… ¿Cómo te pareció el borrador de Reforma a la Justicia?
–Lo han criticado mucho: que es un maquillaje mal hecho.
–¿Y qué se puede esperar de Fabio, que no es capaz de maquillarse ni él?
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–Lo que este país necesita es que la justicia funcione, porque aquí hay mucho pícaro… ¿Supites Maruja de esos contratistas que reparaban torres voladas por la guerrilla y que ellos mismos les pagaban a los guerrilleros pa que las tumbaran?
–Claro, que los pillaron porque en las cotizaciones ofrecían descuento por docenas.
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–Ole vos, ¿y cómo va el paro de camioneros?
–Dejá la bulla, que no veo la hora de que se acabe ese bendito paro… Ahí tengo en la casa a mi hijo Lisímaco, el que maneja tratomula, que se desespera de balde y empieza a caminar por la casa como si andara por carretera: me estorba y me tira el humo, me frena en seco por detrás, me adelanta en curva, me invade el carril…
–En todo caso ese paro va pa largo porque los camioneros ya recibieron el apoyo de la campaña “Vive Colombia, viaja por ella”.
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–Contame Maruja, ¿por qué en Colombia no pelechan los trenes?
–Porque los vendedores de camiones son más poderosos que los vendedores de hojaldras y tortas de pescao.
–No me hagás tragar saliva… Me acuerdo cuando estaba el Ferrocarril de Antioquia, que íbamos de Medellín a Puerto Berrío y pasábamos por esos pueblos calientes, que güelían a tamarindo y a fiambre en hojas de plátano.
–Y esa emoción de pasar por el túnel de La Quiebra, una esperando que en la oscuridá el novio le robara un beso.
–Hum, sería la única forma de que Ananías te diera un pico, aprovechando las tinieblas.
–Ajualá el prósimo Presidente de Colombia, o sea el candidato de las Far, o sea Uribe, se conduela de los viajeros y les recupere el tren.
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–Tola, nosotras aquí tan añorantas y acordate que no hemos diligenciao la Planilla Única.
–Deberíamos hacer como hizo Fulvia, la vecina mía… ¿Te acordás de Fulvia?
–¿Cuál viene siendo Fulvia?
-Pues Fulvia, la churrusca que traía mercancía de Maicao… Que se pintoretiaba demasiado, que por la noche se tenía que despintar con soplete.
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–Ah claro, la que tenía familia en La Guajira… Ve Tola, hablando de La Guajira, ¿será cierto que la base militar de Estados Unidos en Ecuador la piensan trasladar pa La Guajira?
–Yo no creo… Donde Uribe deje poner una base gringa en ese desierto, se le arma un tierrero.
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–¿Qué me ibas a contar de Fulvia?
–¿Qué cosa?
–Estábamos hablando de la Planilla Única y vos dijites que hiciéramos como hizo Fulvia.
–Ah, ya… Figurate que Fulvia no fue pendeja y no se puso a carajiar con filas ni pines y mejor se afilió a la EPS del Indio Amazónico.
–No fregués, ¿es buena?
–Quizque la berriondera: que uno ni siquiera tiene que pedir citas porque el Indio le reza desde la EPS… Y que no recetan pura loratadina, como en las demás, sino yagé, uña de gato, rosa mosqueta, baños de ruda… talismanes. Y lo mejor: dan garantía y le entregan al usuario un monigote del Indio, de modo que si incumple no hay que entutelar sino que uno mismo le clava agujas.