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Tola y maruja

22 de enero de 2016 - 11:00 p. m.

Cuerdas señoras,

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Soy una bogotana de bien y estoy de pelo parado porque dicen que los indigentes capitalinos ya suman 15.000. ¡Por Dios, el doble que los guerrilleros de todo el país! Mi propuesta es que Peñalosa les regale el pasaje para que se vayan… y que cada uno se lleve una paloma. ¿Qué piensan ustedes? ¿O los declaramos patrimonio cultural colombiano y los mandamos de gira nacional?

 

Atentamente,

 

Emma Madera de Gallo

 

Querida cismática,

 

Por su letra vemos que le falta sensibilidá social. Cómo se le ocurre decirles indigentes a los habitantes de la calle. Y no nos pregunte si son de los mismos De la Calle que Humberto.

 

La gente no sabe cómo llamarlos sin que suene descriminatorio: Personas en situación de hambre y mugre, Espíritus libres de impuestos, Ciudadanos de malas… Recuperemos el nombre gamín, que es cortico y sonoro.

Nosotras también sufrimos en el barrio la presencia de estos pobres gamines que andan como el judío errante y por donde pasan riegan la basura y marcan territorio.

 

Los hay de toda laya: desde el que pide sin hablar y pone cara de ternero güérfano hasta el que se noja porque uno no le da y se despide con un amenazante: Dios te bendiga…

 

La otra vez un gamín nos pidió quizque pa sacar a la mamá del hospital y nosotras lo regañamos por querer desacomodarla. Otro nos dijo de frente que pedía pa fumar maracachafa y Tola le dijo: ¡Pior, se te abre el apetito!

Algunos son desagradecidos, como uno que nos pidió ropita vieja y se embejucó porque le sacamos dos pañueletas. A otro le ofrecimos comida pero nos pidió “efectivo” quizque porque él era libre de invertirlo en lo que fuera.

 

Los más asustadores son los que piden con ayudas visuales (un garrote en la mano). En estos casos Tola y yo preferimos darles plata y por eso cargamos monedas de 50 pesos… falsas.

 

Lo cierto es que nos da mucho pesar ver a una persona esculcando sobraos de comida en la basura, sin saber si tienen gluten o preservativos o quién sabe si trasgénicos.

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Pa nosotras lo ideal sería que los gamines no sean personas arrastradas al asfalto por la miseria y el vicio sino que sean vagabundos por gusto, filósofos que prefieren vivir al aire libre sin pagar predial ni marcar tarjeta.

 

Cuando Tola y yo vemos algún gamín desparramao durmiendo al sol mediodía, palabra que nos da una pizca de envidia saber que no tiene que pensar en qué hacer de almuerzo.

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Parece que fue algún alcalde humanitario el que los comenzó a llamar habitantes de la calle. No señor, que pena pero la calle es de todos, y cuando alguno la coge de habitación ya no es de todos.

Pero esta problemática tiene solucionática: el que se quiera regenerar ayudarle, y el que no, cárcel a la vagancia. Santo remedio.

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Tus tías que te quieren,

 

Tola y Maruja

 

Posdata: Las tales “drogas duras” deben ser las que incluye el POS: duras de obtener.

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