Apreciadas camanduleras,
Soy un procurador católico, apostólico y santanderiano y estoy sumamente arrecho por la sentencia que dio vía libre al matrimonio excremental entre tipos del mismo sexo. Y como me opongo a este engendro antinatural me están acusando de participar en política, cuando lo único que hago es recorrer el país y decirle a los jóvenes: cuento con su voto…de castidad.
Atentamente,
Ordóñeze de la risa
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Querido Dino (por dinosaurio),
Por su letra vemos que estudió con monjes. La verdá es que Tola y yo estamos impedidas pa opinar sobre el matrimonio gay pues yo tengo un nieto voltiao (Carlos Adonis) y Tola tiene una nieta machorra (Ana Lesbi).
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Pero sobre el otro matrimonio, el enterosesual, sí podemos opinar porque llevamos casadas un jurgo de tiempo (cada una por aparte, lógico) y conocemos los sinsabores de la vida conyugal.
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El matrimonio no es la otava maravilla pues desde su origen es un castigo divino, tal como lo supimos en la Biblia (bueno, una biblia pirata que Tola compró en un agáchese y que resultó con los evangelios ampócrifos).
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En el Génesis de esa tal biblia se narra que cuando Dios castigó a Adán y Eva rumbándolos del Paraíso (nos suponemos que era un paraíso fiscal, pues no había impuestos) no les dijo ¡fuera! sino que les dijo ¡se me casan!
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Entonces cuando Adán sintió que estar junto a Eva era una obligación comenzó a cambiar, y del hombre amoroso y atento pasó a ser un bulto de neurastenia que se desaparecía con las disculpas más rebuscadas: Mija, voy a ver si ya Dios creó la empleada doméstica.
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Adán dejó de ser aquel caballero que le cogía las guamas más altas y le endulzaba el oído con mentiras tiernas. No, ya refunfuñaba por todo: Caminá pues Eva, dejá de mirar hojas…
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Después llegaron los hijos: Caín, Abel, Set…y se multiplicaron buscando la parejita. Entonces Adán ya no se sentía obligao por Dios a estar con Eva sino obligao por la paternidá responsable. Y hastái le llegó la magia al matrimonio.
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Ahora usté, querido troglo (por troglodita), quiere impedir que dos seres que aparentemente se quieren junten sus geniecitos por siempre. Decimos «aparentemente» porque si uno de verdá ama al otro no le desea el altar.
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Si quiere castigar a los gueyes déjelos casar y proponga una reforma que les prohiba el divorcio. Esta sí sería la venganza que ya se quisiera la diosa Némesis (no es cultura general, es Gúgol).
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Y si quiere redondiar el desquite, déjelos que puedan adotar cursientos, pa que vean lo que es bueno. Y pa rematarlos, impulse una ley que les prohiba ejercer la peluquería.
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Cuando mi nieto Carlos Adonis me dice que se quiere casar con el amigo yo le alvierto: Usté verá mijo, pero sepa y entienda que se llama «matrimonio igualitario» porque es igualito al otro.
Tus tías que te quieren,
Tola y Maruja
Posdata: Nos soplaron que usté anda regao animando la no restitución de tierras y que inclusive lo vieron escribiendo un grafitis que decía: La tierra pal que la despoja…