Queridos colombianos,
Les vamos a confesar algo, aunque ustedes aprovechen pa carculanos la edá: Tola y yo votamos en el plebicito del año 57. Tola votó Sí y yo voté No. Voté No porque el Frente Nacional escluía a los que no eran ni liberales ni conservadores. Tola votó Sí porque, a según ella, lo urgente era dejarnos de matar entre hermanos.
Cuando se sintieron marginaos del poder, los que no eran ni godos ni cachiporros se volvieron comunistas y se fijaron como meta tomarse el poder por las malas, animaos por el triunfo de los barbudos cubanos. Pero las condiciones de Colombia eran otras: después del general Rojas Pinilla (al que subieron y bajaron los ricos) no hubo en el país una ditadura odiosa contra la cual unir al pueblo.
Entonces vino una larga guerra inútil en la que ninguno ganaba y los colombianos fuimos acumulando una pus de rencor contra la “chusma” bruta y sanguinaria, engrosada por campesinos pobres que no tenían otra oportunidá laboral distinta a la guerrilla.
Y estos bandoleros infames asolaron el campo secuestrando y estorsionando a otros campesinos que, con el sudor de su frente, tenían dos o tres vacas más y una yegua adelantando. Entonces, humillaos por el acoso criminal de estos “luchadores del pueblo”, los campesinos formaron las autodefensas. Y se armó el berenjenal.
Los guerrilleros, que creían justa su causa (y que lo era), estaban equivocaos en el método. Y las autodefensas, que también creían justa su causa (y que lo era), estaban igualmente equivocaos en el método (muy diferente defender la finquita en Urabá a viajar en avión desde Urabá a Mapiripán a matar a otros campesinos). Y en medio del sánduche violento, la gente pacífica, que somos la gran mayoría, llevando del bulto.
Las autodefensas ya reconocieron que se equivocaron. Ahora los guerrilleros reconocen que la vía violenta no conduce al poder ni redime al pueblo y quieren volver a la democracia, una democracia que los escluyó y los mató, pero que ahora les abre los brazos pa que juntos probemos la paz.
Hoy los colombianos tenemos una frase de cajón… eh, no… tenemos una “oportunidá histórica” que no podemos desperdiciar: darnos el chance de ensayar el método de entendernos por las buenas.
Yo pensaba votar No, pero Tola, con su paciencia de cuchita que no tiene afán de convencer a nadie, me fue derrumbando todos mis reparos al acuerdo de paz. Cuando yo le decía que se nos viene el comunismo encima, Tola me contestaba: Despensionate Maruja, los colombianos sabemos muy clarito que el comunismo es un régimen donde todos tienen derecho a todo, pero no hay nada. Eso aquí no pega.
Y cuando le decía que el acuerdo se puede renegociar, me dejaba callada: ¿A ver la otra propuesta, Maruja? ¿Les van a pedir rebaja? ¿Les van a recatiar a los guerrilleros que no son cinco sino tres curules y entonces parten la diferencia y quedan en cuatro? Ya voy Toño que van a revisar una negociación que se llevó cuatro años de tire y afloje. ¡Sueñe!
Pero lo que me convenció del todo de votar por el Sí es que el papa Francisco prometió venir a bendecir el acuerdo de paz, y sería la oportunidá pa Tola y yo entregale una riñonera que le tejimos en croché, divina, roja carmesí, que le sale con los zapatos.
Cuando Tola me propuso que nos fuéramos de frente con el Sí yo le dije que me daba susto que perdiéramos simpatizantes, y ella me dijo: Maruja, cambiemos todos nuestros seguidores por la vida de un niño campesino.
Y me remató con esto, que me dio tranquilidá: Maruja, si votás Sí puede que no consigás la paz de Colombia, pero al menos tendrás la paz de tu conciencia. De tu poquita conciencia…
Sus tías que los quieren,
Tola y Maruja
Posdata: El lunes, gane el que gane, los colombianos nos debemos abrazar y volver a ser amigos y hermanos.
Ñapa: Queridos paisanos antioqueños, nos sentiríamos muy orgullosas si en nuestra bella tierra gana el Sí de la vida.