El jueves, cuando las marchas se iban repletando de gente sin miedo, el presidente Uribe llegó a la cocina del Palacio de Nariño todo achantao: Hijitas, me quitaron el Tuiter.
Me dejaron desprogramao —siguió Álvaro mientras Tola le servía su dosis de valeriana—: yo sin Tuiter soy como Romeo sin Julieta, como Abelardo sin Eloísa, como Tristán sin Isolda, como Maluma sin sus cuatro beibis…
Quizque no puedo sino retuitiar —dijo mientras se le chocolatiaban los ojos—. ¿Y qué voy a retuitiar, por Dios? ¿Los trinos de Mafe Cabal y su marido? ¿Los de Macías, los de la lumbrera de Carlos Felipe Mejía? ¿Los de…
Hijitas, ¿vieron pues las marchas tetiadas? Qué desempleo tan berraco… La que más me duele es la de Medellín, mi terruño, que está tuquia de gente y ¡pacífica! Y les está haciendo un cielo… ¡San Pedro, mamerto!
Tranquilo Álvaro, tomate la valeriana y recostate un ratico —le dijo Tola pasándole un pañuelo—. El pueblo es muy desagradecido, sabiendo que las reformas que ustedes proponen son por su bien.
¿Cierto que sí, hijita? Puuu, avi María, Álvaro… Vea, el nieto mío Brayan Alcides dice que muy bueno el trabajo por horas, porque si hay partido de Colombia en horario de oficina él no se lo pierde, y si le pagan menos del mínimo, no bebe.
O mire lo de aumentar la edá de jubilación: cuánto no agradecería doña Lina tenelo a usté más tiempo entretenido en el trabajo. O mi marido Ananías, que desde que se jubiló no hace sino hacer daños bregando a reparar.
En esas llegó el presidente Duque muy asustao: ¡Las marchas son un éxito! ¿Qué hago? Calmao, hijito… jo, jo —le hizo Álvaro, como sobándole la crin—. Venga escribamos un discurso bien insulso.
Pero la gente me va pedir cambios —dijo Ivancito zampándose una almojábana. No se preocupe, hijito, hagamos un remezón ministerial: ponga a Alicia de ministra del Interior, a Nancy Patricia en Hacienda, a Carrasquilla…
Ole Álvaro —metí la cucharada—, ¿ustedes en el Centro Democrático es que no tienen con quién? Con razón Pachito Santos se queja de que no hay sujeto, que sumercé nombra puros paquetes.
No me hablen de ese muérgano de Pachito, que me tiene muy bejuco. Me salió el tiro por la culata: por quitámelo de encima lo mandé pa Guásinton… y vea: no sirve ni pa estorbar porque se quita.
Cómo se le ocurre decir que Carlos Holmes es un inútil ¿ah?, un tipo que habla siete idiomas —dijo Álvaro mandándose un aguardiente—. Claro que uno pa qué siete idiomas y sin nada pa decir.
Bueno chicos —dijo Tola—, mucha carreta y tienen que escribir el discurso de respuesta al paro. A ver, hijito —le dijo Uribe a Ivancito—, coja papel y lápiz que le voy a ditar: “En esta democracia fuerte y sólida que todos atesoramos, estamos todos juntos”.
Sí, hijitas, ya sé que no dice nada, pero suena bonito… Apunte: “Hemos trabajado sin descanso estos 15 meses…”. No sé, apá —interrumpió Ivancito—, ¿sí es bueno recordales todo lo que me falta?
“… y lo seguiremos haciendo”. Con esto queda descartada tu renuncia, ¿oíste Iván?
De eso le quería comentar, apá: esto no es lo mío… Cuando le acepté ser presidente yo lo único que quería era codiarme con gente famosa.
¡Chito!, ni peligro —le gritó Álvaro—, si me renuncia, de pura pica pongo de presidente a Guillermo Botero, que la señora tampoco se lo aguanta en la casa.
En esas dentró acezando el comandante del Esmad: Señor presidente Uribe, lo que nos temíamos: la marcha resultó pacífica.
Proceda, teniente coronel.
Ñapa: Pachito Santos no pasará a la Historia sino a la historieta.